¡Ave rosas, estrellas solemnes!
Rosas, rosas, joyas vivas de infinito;
bocas, senos y almas vagas perfumadas;
llantos, ¡besos!, granos, polen de la luna;
dulces lotos de las almas estancadas;
¡ave rosas, estrellas solemnes!
Los heliógrafos del nuevo plan de vida que se les impuso a los españoles durante la dictadura pregonaban megáfonos en ristre estrofas tan bellas como pecador, no te acuestes nunca en pecado, no sea que despiertes ya condenado.
En la actualidad vuelven a nuestras calles y plazas, a nuestros medios de comunicación condenando a los homosexuales, oponiéndose a que sus uniones se llamen matrimonio.
Sus condenas más allá de las repercusiones mediáticas tienen el valor de un ataque a la libertad, a la sexualidad libre y al respeto que le debemos a cualquier ser humano tengan de compañero de cama a un hombre o una mujer.
Decía D. Juan Ramón Jiménez, los colores que saca la luz a los cuerpos, me levantan, me excitan, no me deja morir; las ideas que saca la sombra a las almas, me perturban, me excitan, no me deja vivir. Y decimos nosotros viva el amor y muera los prejuicios.
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