Cuándo los bancos han empezado a tener problemas, los neoliberales han proclamados a los cuatros vientos la crisis del sistema y raudo y veloz han pedido y exigido la protección del Estado. Se han olvidado de sus doctrinas de libre competencia.
Argumenta que el sistema bancario es el corazón del sistema, olvida eso si de ponerle apellido a su corazón, olvidan que en tiempo de prosperidad son autenticas hienas con los pequeños inversores, con los asalariados, con los hipotecados.
Ahora cuando han ignorados todas las alarmas, el descontrol del endeudamiento, los apalancamientos y los colapsos bancarios registrados en numerosos países. Cuando era evidente que estas eclosiones conducían a un autentico terremoto en el centro del sistema reforzaron las supersticiones mercantiles.
Asignaron un impacto pasajero a esas conmociones y atribuyeron su irrupción a las rémoras de una “cultura populista”. Esta ceguera interesada solo vino a revelar el verdadero corazón de una elite que ha rivalizado por acaparar los lucros del negocio financiero.
Los neoliberales descubren ahora el reverso de la moneda de su exacerbada competencia y el desmoronamiento de las entidades por la codicia de los banqueros.
Los economistas ortodoxos han tomado de su propia medicina, el jarabe de ricino que llevan años aplicando a sus clientes.
Lo triste es que los que efectos secundarios
una vez mas lo sufrirán los mas débiles, hasta que se recupere el sistema y los
neoliberales vuelvan a aplicar sus políticas de exterminio de todo lo que huela
a social.
Aunque ahora por su propio y único interés buscan el manto y la protección del Estado.