Comparto la perplejidad e indignación, que estoy segura que sienten la
inmensa mayoría de los italianos e italianas, ante las recientes
declaraciones de Silvio Berlusconi en relación a las violaciones que
han sufrido varias mujeres en Roma.
Las
chanzas y chascarrillos de mal gusto con las que se ha despachado este
supuesto “caballero” no son admisibles en una sociedad del siglo XXI y,
desde luego, son intolerables cuando el que las pronuncia ejerce el
cargo de presidente del Consejo de Ministros de un país europeo con una
larga tradición democrática.
Llueve sobre mojado en este caso.
Todos recordamos los comentarios, que debieron parecerle muy ingeniosos
a su autor y a un restringidísimo grupo de aduladores, sobre lo
problemas que se habría buscado Zapatero con su decisión de formar
gobiernos paritarios en España.
Hacer bromas con un tema tan
grave como la violencia machista (y la violación es un caso extremo de
este tipo de violencia y agresión contra las mujeres por el mero hecho
de serlo) y desplazar la responsabilidad de los ataques a las víctimas
(esa “bellas italianas” a las que el señor Berlusconi parece tener tan
poco respeto) es irresponsable, injusto y peligroso.
Respecto al
contenido, que entre bromas y veras es lo realmente preocupante del
asunto, lo que no parece entender el señor Berlusconi es que la
solución a este grave problema no pasa sólo por un incremento de la
acción policial (esa receta mágica y universal de la derecha para todas
las situaciones y países) sino por medidas más profundas, integrales y
compartidas por toda la sociedad.
Seguramente el primer paso sea
interiorizar como sociedad que el problema nos concierne a todos y
todas y no sólo a las mujeres víctimas de las violaciones. A la vista
está que, en este caso, es el propio Berlusconi no parece darle esa
importancia a un tema sobre el que se permite hacer bromas inaceptables.
La
responsabilidad que debemos asumir todos y todas, incluidos/as sus
aliados políticos europeos (y desde luego sus aliados del PP en España)
es decirle al señor Berlusconi que la cosa no tiene gracia, que no
aceptamos chanzas sobre estos temas y que su obligación es estar a la
altura de lo que le exigen los ciudadanos europeos e italianos.
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