Estaba todo dado. El Nuevo Palacio Aurinegro de la ciudad de
Puerto Madryn tenía un marco fantástico, ideal para la ocasión. La
expectativa era inmensa. La historia le había reservado un lugar. Y él
no hizo más que tomarlo. A los 33 años, Omar Narváez retuvo por 15ª vez
el título mundial mosca de la Organización Mundial de Boxeo, y se
convirtió en el campeón mundial argentino con mayor número de defensas
exitosas de su corona. El chubutense venció por nocaut técnico en el
décimo round al estadounidense Rayonta Whitfield, y logró superar la
formidable marca del inolvidable Carlos Monzón, quien se retiró de los
rings invicto como campeón de los mediano, en 1997, tras derrotar por
segunda vez al colombiano Rodrigo Valdez.
Narváez dio anoche una
verdadera clase de boxeo. Hizo la pelea que le convenía ante un rival
de mucha categoría, pero que terminó totalmente desconcertado ante la
jerarquía del argentino, que demotró que es un gran campeón. En los
últimos tres rounds, Narváez lo bailó y terminó luciéndose, dando una
gran exhibición. Como era de esperarse, el primer round fue de
conocimiento. Los dos buscaron conocerse y no se sacaron ventajas. El
argentino buscó encontrar la distancia de los golpes ante un rival diez
centímetros más alto (1.70 metros contra 1.60).Poco a poco, Narváez
comenzó con su libreto y empezó a caminar el ring, buscando que su
rival entre en el juego. Y así fue, porque el norteamericano, al no
encontrar una manera de hacerle daño a Narváez, comenzó a mostrarse
impaciente y nervioso.
En el cuarto asalto, el estadio explotó con
el primer dale campeón, luego de que Narváez conectara dos grandes
golpes con su mano fuerte, la izquierda. Pero también explotó de la
bronca, ya que Whitfield cortó la ceja izquierda del argentino con un
cabezazo, en el momento de mayor lucimiento del chubutense.
A
partir de ahí, el combate ganó en emoción. Hubo algunos intercambios de
golpes que levantaron al público. Y Narvaéz comenzó a quejarse de los
codazos que constantemente metía Whitfield. En el sexto round se vio a
un Narváez que hizo gala de toda su jerarquía y mostró lo mejor,
destacándose su gran defensa. A medida que el argentino se asentaba en
el ring, el estadounidense se desorientaba más y más, sin una
estrategia, que fue desapareciendo por la calidad de Narváez. Whitfield
continuó con los codazos y en el séptimo round, el árbitro
puertoriqueño Samuel Viruet le descontó un punto.Los rounds pasaban y
el argentino era el claro dominador. Whitfield estaba estático y
Narváez aprovechó para conectar golpes claros. El público vivió de pie
el noveno round. Es que el argentino se estaba luciendo y le estaba
dando una verdadera lección de boxeo a su rival, que lo único que hacía
era escaparse con los cabezazos y los codazos, que le restaron otro
punto.
Más tarde, llegó el momento indicado. A los 51
segundos del 10 asalto, el árbitro paró la pelea luego de una nueva
arrmetida de Narváez, y decretó el nocuat técnico. Las 6.000 personas
que colmaron el Palacio Aurinegro explotaron y gritaron al mismo tiempo
que Narváez levantaba sus brazos y festejaba. Todos eufóricos,
explotaron al grito de "dale campeón" y "Argentina, Argentina". La
espera valió la pena. Al fin y al cabo, Omar Narváez se lució y
escribió su propio historia, para ganarse un lugar de privilegio en las
páginas doradas del boxeo argentino.