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| Teófila Banguera |
El adagio popular de unas personas nacen con estrella y otras nacen estrelladas se le aplica perfectamente a Teófila Banguera, una trabajadora de la Universidad del Valle. Definitivamente ella nació estrellada, pero, a puro pulso, logró cambiar su situación y ahora se considera una mujer con estrella.
Definitivamente Teofila no tuvo infancia, fue sacada de su casa a los cuatro años, con la supuesta promesa hecha a sus padres en Timbiquí Cauca, que se la llevarían a Cali para darle mejores oportunidades.
Estando en Cali, durante su infancia y adolescencia no supo de nada diferente a trabajar y trabajar en oficios domésticos para la familia que había prometido darle un mejor futuro. Sin embargo, por su cuenta y sin saber exactamente el cómo, aprendió a leer, escribir, sumar y restar.
Cuando cumplió los 15 años tomó una decisión que le comunicó a quienes supuestamente sería sus padres sustitutos, pero que terminaron siendo sus patrones, aunque no le pagan un sueldo. Decidió entrar a la Escuela Pública San Pedro Alejandrino, en jornada nocturna.
Al llegar a la Escuela le hicieron un examen de conocimientos y días después la nivelaron en tercer grado de primaria. Y como no ganaba un peso la exoneraron del pago de matrícula y mensualidades.
Cuando terminó su primaria sus supuestos patrones le exigieron abandonar sus estudios y, entonces, Teófila cambió de patrones y se dedicó alBachillerato, pero, el problema continuó y más tarde decidió conseguir una pieza y dedicarse a otros oficios, para poder seguir estudiando.
Durante varios años tuvo muchos trabajos sin estabilidad alguna, vendió chance, cosméticos puerta a puerta y sólo le quedaba tiempo para sobrevivir. Un día acompañó a un grupo de jóvenes vecinos a inscribirse para hacer el bachillerato en la Universidad Pedagógoica que ofrecía estudios de bachillerato, para jóvenes de alto riesgo. Ese mismo día y gracias a las facilidades que le daban, reinició su bachillerato.
Con algunos cursos de secundaria en su hoja de vida se presentó a la Universidad del Valle donde comenzó a trabajar desde hace trece años.
Primero comenzó como contratista del Restaurante Universitario y luego fue trasladada a la Sección de Servicios Varios.
Laborando en la Universidad tuvo dos hijas que ahora tienen 6 y 8 años de edad y son la mejor razón para seguir adelante día a día. Luego terminó su bachillerato y ahora su sueño es estudiar contaduría pública en la Universidad, para seguir adelante, tal como lo ha hecho desde que decidió comenzar a estudiar y cambiar su vida.
Pero mientras sus hijas crecen un poco y ella pueda seguir estudiando, por ahora, es la encargada por el Sindicato de la Universidad, de ayudar o darle una voz de aliento a las personas que tienen una calamidad doméstica o problemas de salud que les genera una incapacidad.
Y la tenacidad que la obligó a asumir la vida ahora se refleja en su punto de vista, pues cuando se le pregunta si hay discriminación de género en la Universidad, ella responde que si, aunque sea con buenas intenciones.
Un ejemplo, es cuando se selecciona el personal para hacer el trasteo de escritorios pesados a un primer piso a un cuarto piso. De inmediato se llama a los hombres para que apliquen su fuerza bruta, pero no caen en cuenta que una mujer en el grupo seleccionado puede ayudar a pensar como hacer las cosas mejor e incluso a llevar objetos no muy pesados o si es del caso, transportarlos entre dos mujeres. Ello obedece a que a veces algunos hombres, aunque sea de buena fe, relegan a las mujeres por que las creen incapaces de ciertos oficios, aunque ellas sean tan capaces como el que más.
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