La Conquista Española (1532 – 1542)
Noticias de un país rico en
oro motivaron las expediciones de Francisco Pizarro, que partieron de
Panamá. El emperador Carlos V, en mérito a la Capitulación de Toledo
(1529), concedió a Pizarro la facultad de gobernar en nombre de la
Corona Española las nuevas tierras.
Al llegar al Perú, la denominada “hueste perulera” encontró al
Tahuantinsuyo en crisis, con dos incas, Huáscar y Atahualpa,
disputándose la sucesión de su antecesor Huayna Capac, quien había
muerto de viruela (enfermedad proveniente de Europa) junto con gran
parte de su corte. La gran expansión había generado el desarrollo de un
segundo centro de poder en el norte, entre las ciudades de Quito y
Tumibamba, que entonces se rebelaba contra la autoridad del Cusco. En
1532 el quiteño Atahualpa había tomado prisionero al cusqueño Huáscar.
En el transcurso de la “entrevista de Cajamarca” (norte del Perú

,
Atahualpa fue tomado prisionero por Pizarro, gracias a la confusión y
al temor causados al momento del encuentro por los caballos y las armas
de fuego, desconocidos hasta entonces en los Andes. La nueva situación
de inmediato generó que los españoles recibieran el apoyo de diferentes
comunidades andinas, que vieron la oportunidad de librarse del poder
del Cusco.
No obstante haber pagado un rescate de una habitación llena con oro y
dos con plata, en 1533 Atahualpa fue condenado a muerte, acusado de
blasfemia y del asesinato de su hermano Huascar. Los conquistadores
designaron entonces sucesor a Manco Inca, de panaca o familia real
cusqueña. Este organizó una rebelión. Puso bajo sitio al Cusco
(dominado entonces por los españoles) y a la ciudad de Lima, fundada en
1535. Luego de ser derrotado en la batalla de Sacsayhuamán, se retiró a
Vilcabamba, al norte del Cusco, donde sus descendientes resistieron a
los conquistadores hasta 1572, cuando el último inca, Túpac Amaru, fue
capturado y ejecutado por orden del virrey Francisco de Toledo.
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