
Pero hay casos en que la difusión de imágenes especialmente duras no tiene ningún valor informativo. Me vienen a la cabeza fotografías de la invasión de Iraq, del ataque a Gaza o de las siempre invisibles guerras y hambrunas africanas.
Una amiga me decía el otro día que los medios sólo buscan el morbo. Y supongo que, en algunos casos, será cierto. Pero abrir un informativo o una portada con el cuerpo mutilado de una niña en Bagdad, un bebé desmembrado en Rafah o el cadáver de un chaval en Adre no sólo es lícito, sino que además puede llegar a ser una exigencia moral: si la sociedad no reacciona ante lo que sucede a su alrededor, si nuestra propia clase dirigente en algún momento se convierte -por acción u omisión- en cómplice o responsable de un crimen, la responsabilidad de los medios es agitar al espectador o al lector, situarle frente a las miserias que ignora, agredirle, llenar su mesa de vísceras ajenas pero hermanas, incitarle a que se levante y actúe.
La prensa no es el cuarto poder: es el primero. Quizá el exceso de realidad vacune al espectador contra la indignación. Pero hay que correr el riesgo. Los medios no pueden eludir por más tiempo su inmensa responsabilidad social.
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Javier Pueyo ....LA VOZ DE SALAMANCA
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