22.05.09 - 09:43 -
Hoy en día, las cosas se han complicado bastante. Llevamos una racha en la que tertulianos y charlatanes, cocineros y cocinillas, gastrónomos y gastrognomos no paran de hablar de tapas. Si, si, de tapa, ración, pintxo o pincho, según donde, que hasta todo un debate semiótico filosófico se han montado al respecto. Cocina en miniatura, divino bocado, pellizco al paladar, beso de sabor... y mil y una jilipolleces más se están oyendo.
Pero, vayamos al grano: una croqueta, ¿qué es? ¿Una tapa? Y si está atravesada por un palillo, ¿es un picho? Y tres croquetas sin atravesar por un palillo. ¿Son una ración? Y si están atravesadas por tres palillos, ¿Son tres pinchos? ¿Y si estamos en el País Vasco, ¿tres pintxos?. Joder, que es una croqueta, una cocreta, que dice mi tío Manolo.
Pero, claro, el problema no es que ya no estemos hablando de una sencilla co reta, o de unos boquerones, ni siquiera de una de bravas, marchando, no. El problema es que ahora se le llama tapa, por ejem plo, a un «lomo de sardina en humo de haya sobre trazo de encurti dos, anchoas, olivas negras y germinado de lentejas». Por un poner.
Con lo que estamos poniendo en tela de juicio dos de las caracterís ticas fundamentales que definían hasta ahora una tapa: su sencillez y su ajustado precio. Y dudo mucho que a usted le cobren lo mismo por un pincho de «lomo de sardina...etc» que por una torera o una empanadilla. Y no necesariamente por el coste de la materia prima, sino por el tiempo de la mano de obra.
Gran cocina en pequeñas doSis, pinceladas de genialidad; de acuerdo.
Pero si hablamos de tapa, me pongan una de tortilla de patata, un matrimonio o un capataz. (No se asusten, en mi tierra, eso es un pincho con navaja, guindilla, pimiento, pepinillo y aceituna, no un jefe de obra). ¿La clave?, la de siempre: la calidad de los productos.
LA VERDAD DE MURCIA
Pero si hablamos de tapa, me pongan una de tortilla de patata, un matrimonio o un capataz. (No se asusten, en mi tierra, eso es un pincho con navaja, guindilla, pimiento, pepinillo y aceituna, no un jefe de obra). ¿La clave?, la de siempre: la calidad de los productos.
LA VERDAD DE MURCIA
