Carta a mi abuelo
Necesito volver a escribirte al cumplirse 71 años de tu fusilamiento en las murallas del cementerio de Málaga y tu abandono en una triste fosa común abierta recientemente y desde donde están aflorando recuerdos lejanos de mi padre, tu hijo, ese que dejaste siendo un niño con pantalón corto.
Ahora gozamos de una libertad que tú anhelaste, un poder hablar sin miedo a que te detengan, un poder pensar sin el temor a que las envenenadas balas fascistas atraviesen tu corazón por el simple hecho de ejercer el derecho a opinar. Hoy tenemos un gobierno socialista defendiendo y poniendo en práctica esas ideas y políticas sociales por la que tú y otros millones de españoles dejasteis vuestra vida.
Yo a mis 43 años sólo he conocido realmente la democracia y el estado monárquico que tenemos, por lo que me puede resultar difícil reclamar y pedir otro tipo de Estado. Me resulta tremendamente difícil imaginar cómo sería vuestra vida inmersa en una reprochable dictadura asesina.
Abuelo, he visto desenterrar en Málaga a tus compañeros de fosa, niños pequeños que imagino no superarían más de dos años de edad, esqueletos minúsculos aferrados a otros adultos que imagino serían sus madres. Soy de tu sangre, pero los miles de cuerpos que vuelven a ver la luz también llevan la misma sangre política que nosotros.
Sólo quiero que os entierren de nuevo en un lugar digno como a cualquier ser humano aunque esto no está resultando ser tan fácil, pues organizaciones actuales como una tal llamada “Manos limpias” se oponen a ello. ¿Curioso verdad? ¿Quién podría tener las manos más limpias que esos niños fusilados en aquel entonces? ¿Cuál fue su delito? ¿ ser futuros rojos?.
Por otra parte, la Iglesia, esa misma que os dio la bendición en vuestro último suspiro permitiendo esos asesinatos, esa que acompañaba bajo palio a los inquisidores, hoy vuelve a callar, y cuando habla es para intentar acortar libertades de nuevo.
Hoy tenemos en nuestro país dos tipos de libertades. La izquierda hacemos libertad constructiva, mientras la derecha, sobre todo lo más rancia de todas, hace libertad rabiosa, esa que se hace sin querer amarla ni sentirla, esa que aún llamándose “manos limpias” está llena de rencor y odio habiendo deseado que el viejo dictador hubiese vivido 300 años al menos.
Querido abuelo, nos quedan cosas que cambiar en este país, pero seguro, que al igual que yo, millones de españoles lucharemos día a día contra ese rescoldo de fascismo, sólo para conseguir ese único y último objetivo, que seáis enterrados tan dignamente como lo fueron los del otro bando.
Miguel Muñoz
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