sábado, 30 de mayo de 2009

Setenta años esperando

Las familias de once hombres fusilados por los fascistas en Calañas en 1937 entierran sus cuerpos dignamente en el cementerio cerreño · Los cadáveres han sido identificados por un equipo de expertos

R. Moreno/J.M. Salgado/ El Cerro | 
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1. Los operarios municipales de El Cerro de Andévalo proceden a meter en el nicho las siete cajas blancas y una de cartón que contenían los restos de los republicanos fusilados. 2. El investigador Francisco Javier González (bisnieto de Martín González) junto a los hijos de dos de los fusilados en el cementerio de Calañas. 3 Fernando Recio atiende a la hija de Juan Trigo durante el sepelio.

 
 
En la mañana de un fatídico 13 de noviembre de 1937 una descarga de fusilería fascista acabó con la vida de once vecinos de El Cerro de Andévalo en el cementerio de Calañas.

 Los cuerpos rematados y sin vida de José Gil Romero (PSOE), Agustín González Vázquez (Partido Republicano Reformista), Martín González Volante (PSOE), Fernando Márquez Leandro, Manuel Patricio Valle (Comité de Defensa Antifascista), Alfonso Pavón Sánchez (campesino), José Pavón Sánchez (ex guardia civil y militante anarquista), José Rodríguez Domínguez (Comité Antifascista), Diego Sánchez Delgado, Luis Serrano Delgado (PSOE) y Juan Trigo Campillo fueron arrojados amontonados a una fosa común del cementerio calañés por sus verdugos.

Allí han permanecido casi 72 años hasta que ayer sus familiares y amigos le dieron sepultura en el cementerio cerreño.

El entierro ha sido posible tras concluir con éxito un largo proceso de investigación a cargo de Francisco Javier González Tornero e identificación forense desarrollado por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica con el apoyo de las familias de los asesinados, del Ayuntamiento de Calañas, del proyecto Todos los Nombres y del Ministerio de la Presidencia.

González Tornero dijo ante las familias de las víctimas que "hoy recuperamos sus nombres y su dignidad" después de que sufrieran el "exterminio fascista, fueran fusilados vilmente y sin juicio alguno" .

Aunque la identificación por ADN no ha sido posible, el dictamen de los profesionales es concluyente: los huesos son de esa etapa y la documentación previa recopilada, que incluía datos de las sepulturas, no deja lugar a dudas de que se trata de las once personas fusiladas.

 La exhumación dejó al descubierto cuatro cuerpos enteros y los restos de otros siete así como objetos que pertenecieron a los hombres fusilados, monedas, botones, cristales de gafas e incluso proyectiles que han servido hasta para identificar el arma utilizada en el fusilamiento.

Todos los partidos políticos representados en las casas consistoriales de Calañas y El Cerro, PSOE, PP y PA, con sus alcaldes a la cabeza, Fernando Recio y Juan Manuel Borrero, respaldaron el acto con su presencia.

El emotivo homenaje de ayer comenzó en el cementerio calañés con el descubrimiento de un monolito en el lugar donde estaban las fosas 19 y 20. El alcalde, Fernando Recio, subrayó que a pesar del duelo interrumpido durante más de setenta años "hoy es un día feliz. Las familias se sienten mejor porque ya tienen a los restos de sus familiares en casa".

Una hora después, el camposanto cerreño acogió el enterramiento de las siete cajas blancas y una de cartón que contenían los restos óseos exhumados el pasado invierno por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

El alcalde, el popular Juan Manuel Borrero, dijo que "hoy era un día para el respeto" y de emoción para las familias de las víctimas.

Ayer las familias de los fusilados dieron muestras de una humanidad desbordante, de la que carecieron los verdugos en 1937. Antonia Trigo (hija del agricultor Juan Trigo) y Agustín Serrano (hijo del militante socialista Luis Serrano) expresaron el agradecimiento a todos los que les han ayudado en este largo camino.

Ambos conocieron la tumba inacabada desde muy temprana edad, cuando sus madres les llevaban al cementerio para mantener la memoria viva de sus padres. Otro de los familiares, Luis Serrano, leyó un escrito en el que recordó "los miedos aterradores" de los años de la represión y la bondad de la víctimas porque sus descendientes "nos han criado con los valores propios de una ética cívica donde la honestidad, el trabajo y la tolerancia han sido los elementos vertebradores de nuestra educación".

El acto concluyó con la lectura de un poema hallado en el lugar del crimen: "Cuando faltan horas para mi muerte/ya no existo/la espero en un silencio que enloquece".

Tags: MEMORIA HISTORICA.CALAÑAS, HUELVA

Publicado por Desconocido @ 2:32
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