Una característica de la mayoría de sus primeros trabajos fue el interés por los efectos del sol. Esta tendencia fue fortalecida cuando en torno a 1771 Goya viajó a Italia, donde podía estudiar a los grandes pintores del Renacimiento.
Quizá dedicara más tiempo al veneciano, Tiepolo, porque en los colores y efectos de la luz empleado por Goya la influencia del Tiepolo es clara. Por ejemplo, en El Parasol, pintada por Goya en 1777, una mujer sonríe al espectador; todo es armonioso, con los azules y rosas del cielo reflejados en su ropa. Hace un día de sol precioso, y la belleza elegante y su acompañante rebosan de salud.

Este cuadro es importante para mi tema porque representa un mundo ideal, donde el hombre y la luz están integrados.El Parasol es típico por su estilo positivo, y forma parte de los setenta y tres cartones pintados por Goya entre 1775 y 1791 que serían convertidos en tapices para los palacios reales de El Escorial y El Prado. En estos cuadros Goya nos ha dado escenas entretenidas, cada una iluminada por una luz dorada como si fuera un verano constante.
En aquel entonces Goya tuvo éxito en su vida. Cuando volvía de Italia ya era un pintor bien conocido y tenía un amor, Josefa Bayeu. Su felicidad se expresa bien en La gallina ciega pintada en 1788. Goya representa un juego de amantes debajo de un cielo idílico, utilizando la luz para expresar la alegría del pueblo.