LAS ENSEÑANZAS DE ISAIAH BERLIN
Mucho ha cambiado el mundo en cien años, pero hay vectores que atraviesan los siglos. Algunos de ellos los impulsan quienes al cabo son reconocidos como maestros. Isaiah Berlin, uno de los grandes autores liberales del siglo XX, se cuenta entre ellos. El pensador judío que nació el 6 de junio de 1909 en Riga, entonces ciudad del imperio ruso, emigró con su familia, tras la revolución bolchevique, al Reino Unido. Ciudadano británico y formado en Oxford, conjugaría durante buena parte de su vida la actividad diplomática con su dedicación a la historia de las ideas.
Su obra, hasta su muerte en 1997, ha desarrollado aportaciones que se han convertido en obligadas referencias más allá de adscripciones partidistas. Su espíritu abierto y cosmopolita, que dejó muestra de lo primero en su magnífico libro sobre Marx y que siempre hizo patente lo segundo en su defensa del pluralismo, ha destilado enseñanzas que también para la izquierda han pasado a formar parte de su equipaje crítico. El legado de Isaiah Berlin permite decir que todos, de alguna forma, somos herederos de la tradición liberal.
Es en torno a la libertad donde se concentra el magisterio de Berlin. Su escrito “Dos conceptos de libertad” (1958) hizo época. En él abogaba por el concepto de “libertad negativa” como el relevante desde el punto de vista político. Esa libertad de los individuos consiste en que nada interferencia en el ámbito de sus decisiones, implicando la necesidad de establecer límites al poder del Estado y la obligación para éste de preservar esa esfera privada de los ciudadanos.
La libertad como no interferencia sólo admite como medidas legítimas respecto a ella las encaminadas a evitar que el ejercicio de la libertad de unos impida el de otros. Para Berlin, la “libertad positiva”, cara romántica de la libertad, tiene que ver con la autorrealización de los individuos, cuestión que es competencia exclusiva de ellos sin que el Estado tenga que decir nada al respecto. Sin embargo, dicha autorrealización conlleva demandas de autogobierno y es por ahí por donde el concepto positivo de libertad contamina al negativo, ya que la regulación política del autogobierno, con la intención de conjugar la voluntad de todos, acaba interfiriendo en esa libertad negativa que se traduce en derechos cívicos.
Desde su concepción liberal de la libertad, que le hacía marcar distancias respecto a planteamientos “liberadores” por sus consecuencias contrarias a la libertad misma, Berlin fue crítico con el utopismo y su pretensión de un “Estado perfecto”. Tal pretensión, apoyada sobre la idea de que hay una solución total a los problemas de la humanidad, ha hecho que las utopías sean fatales como guías para la acción. Consideraba Berlin que el “gran mito” utópico que atraviesa la historia de Occidente se realimenta de tres dogmas: 1) para todo problema “no hay más que una solución verdadera”, 2) tales soluciones son “cognoscibles”, y 3) esas soluciones deben formar un “todo armónico”. Desde la conciencia de la finitud humana no cabe sino la crítica a esos dogmas para poner el acento en la desmesura que entraña incluso querer realizar, a la vez, todos los valores humanos.
El “fuste torcido de la humanidad”, como decía Berlin recogiendo una expresión muy de Kant, obliga a una cura de humildad en cuanto a pretensiones desmedidas que arrastran consecuencias nefastas, como cuando los afanes positivos de libertad han desembocado en totalitarismos.
El legado de Berlin no permite seguir hablando de utopía sin tener en cuenta su crítica al utopismo, como no se puede hablar de libertad sin reparar en los riesgos para la libertad negativa que llevan consigo proyectos de liberación prometeicos en demasía. Con todo, se debe seguir constatando, tras Berlin, que la no interferencia en el ámbito de las decisiones de cada cual exige también una no dominación de unos sobre otros que, para equilibrar libertad e igualdad, sólo desde el ejercicio de la autonomía pública de los ciudadanos puede conseguirse.
Igualmente se puede decir que su crítica de la utopía lleva dentro la carga utópica del deseable entendimiento entre los humanos, aunque sea siempre incompleto. Mas hay que reconocer en este centenario de su nacimiento que Isaiah Berlin sigue poniendo frente a los liberales, y más en momentos de neoliberalismo cuestionado, el espejo de su radicalismo liberal, así como continúa dando que pensar a quienes nos integramos en la tradición socialista.
JOSE ANTONIO PEREZ TAPIAS diputado granada ....izquierda socialista psoe(Artículo publicado en el diario Granada Hoy el 8 de junio de 2009