Vicent Sepulcre*
Tal y como viene siendo habitual, cuando se acerca una fecha de elecciones, sean del ámbito que sean, cada partido político activa a sus bases de militantes, poniendo de este modo su maquinaria electoral al máximo rendimiento, intentando de este modo transmitir a todos los votantes los principales motivos por los que a la hora de depositar su voto en la urna, este sea el del partido político en cuestión.
Este sistema tuvo su origen, al menos en nuestro país, con la llegada de la democracia, regulándose por ley la participación de los partidos políticos en la misma y que sin duda fue un periodo político apasionante que por cuestiones de edad muchos nos perdimos y hoy asistimos atónitos a los hechos políticos que suceden cada día en nuestro país.
Lejos ha quedado la ideología, los principios políticos, puesto que las necesidades de aquella época eran tan diferentes a las actuales que podrá bien decirse que vivimos en otro país.
Por entonces todos tenían claro el significado de votar a derechas o izquierdas, y ante la duda o el miedo a cualquier cambio significativo se decantaron en un principio por la opción de votar a partidos que decían ser ni carne ni pescado, centro, meramente centro, y con este mensaje ganaron las primeras elecciones de nuestro país.
Tal y como viene siendo habitual, cuando se acerca una fecha de elecciones, sean del ámbito que sean, cada partido político activa a sus bases de militantes, poniendo de este modo su maquinaria electoral al máximo rendimiento, intentando de este modo transmitir a todos los votantes los principales motivos por los que a la hora de depositar su voto en la urna, este sea el del partido político en cuestión.
Este sistema tuvo su origen, al menos en nuestro país, con la llegada de la democracia, regulándose por ley la participación de los partidos políticos en la misma y que sin duda fue un periodo político apasionante que por cuestiones de edad muchos nos perdimos y hoy asistimos atónitos a los hechos políticos que suceden cada día en nuestro país.
Lejos ha quedado la ideología, los principios políticos, puesto que las necesidades de aquella época eran tan diferentes a las actuales que podrá bien decirse que vivimos en otro país.
Por entonces todos tenían claro el significado de votar a derechas o izquierdas, y ante la duda o el miedo a cualquier cambio significativo se decantaron en un principio por la opción de votar a partidos que decían ser ni carne ni pescado, centro, meramente centro, y con este mensaje ganaron las primeras elecciones de nuestro país.
Transcurridas varias décadas, y sin que haya existido pedagogía política alguna, más allá de la que los padres, a su buen entender han intentado realizar con sus hijos, nos encontramos ante unas campañas electorales cargadas de marketing político, dejando muy de lado explicar lo que significa votar a una opción u otra.
Nos encontramos con partidos políticos que gozan de lo que ellos mismos denominan como suelo electoral y a partir de ahí empieza la búsqueda, como si de peces se tratase, de caladeros de votos entre los indecisos a la hora de depositar su voto en las urnas o los que hastiados de tanto marketing que nada les transmite prefieren quedarse en casa y no cumplir con su derecho al voto.
Los partidos de derechas ya no quieren ser llamados así, por las cargas que su pasado les conlleva, prefiriéndose denominar centristas, buscando atraer a esa masa de ciudadanos indecisos que únicamente buscan soluciones rápidas a sus problemas actuales, sin pensar en lo que ciertamente supone esta opción política, emitiendo un voto de castigo, obviando los cambios que a largo plazo puede acarrearles la victoria electoral de esta opción.
Los partidos de izquierdas continúan calificándose de izquierdas, pero con la boca pequeña, no pretenden ser los enemigos de una derecha que un día provoco una guerra civil en nuestro país, prefieren que este hecho pase sin pena ni gloria, para de atraer con sus medidas sociales a todos los necesitados de las mismas, pero que a fecha de hoy ya no tienen tan claro que esta opción sea la que vaya a solucionarles sus problemas cotidianos.
Nos encontramos ante tal confusión entre la ciudadanía más o menos distante de ideologías políticas a las que los mismos políticos han enseñado a pensar en soluciones inmediatas, abrumados por tan descomunal crisis económica, que les impide ver más allá de sus problemas diarios y que no están dispuestos a renunciar a ninguno de sus derechos adquiridos, entre los que podríamos meter el tener televisión por cable, lujos y no derechos, que les ciega de tal modo que con tal de no renunciar a alguno de sus lujos son capaces de renunciar a derechos que son los pilares de la existencia de nuestro estado del bienestar.
Apelo por tanto, a los partidos políticos, al sistema educativo, y a todos los que de algún modo se sientan implicados en este sistema político que tanto ha degenerado de su modelo original a que vuelvan a actuar con sabiduría y pedagogía, puesto que a mi entender el futuro político de nuestro país pasa por los jóvenes, quienes no parecen tener claro las diferencias existentes entre votar a un partido u otro, pareciéndoles todos iguales, iguales de corruptos, iguales de mentirosos y convenencieros, descalificándoles a todos por igual, aunque parece ser que algo de razón no les falta.
*Vicent Sepulcre (diplomado en Ciencias Empresariales. Miembro de Izquierda Socialista.PSPV-PSOE.
