Gracias a tu mujer, Ana, por haberte dado su amor, fruto del mismo nació vuestra hija Violeta. Una hija, que aunque no hayas podido verla, cogerla, besarla, olerla, sentir ese aroma que sólo tienen los hijos, te digo que estás en ella, y en ella te verán quienes te han querido.
Gracias a tu hermana, Milagros, te ha cuidado desde el primer día, ¡qué difícil te habrá resultado ver sus ojos llenos de lágrimas! Gracias a tu hermano, José Mari, contigo se va parte de él, yo ya sé por experiencia lo duro que es perder a tu hermano mayor, quedarás en su recuerdo para siempre
. Gracias a tu tía, Mili, cuánta bondad emana, a su lado seguro que nunca te sentiste sólo. No te olvidarías de dar las gracias a tus primos: Mari Carmen, Purri, Pedro, Tano y Manolo, las noches que han pasado junto a ti, lejos de sus familias, dan prueba de su generosidad y el cariño que nos tienen a tu madre y a mí.
Gracias a tu suegro, Julio, sabes bien que cuidará de Ana y de Violeta. Gracias a Santi, tu buen amigo, ha sabido estar cuando le necesitaste. Gracias a Pepe, tu sindicalista favorito. De manera muy especial darías las gracias a la doctora Dolores Durán; a todos quienes durante este tiempo hemos estado a tu lado, nos consta, que además de su conocimiento, ha puesto en ti su empeño personal, y a medida que pasaban los días, y tu silencio persistía, su pesar.
Sus pacientes son afortunados por tenerla. No te olvidarías de todo el personal de enfermería, auxiliares, celadores..., imposible nombrarlos a todos; ¡qué trabajo tan complicado y qué bien lo hacen!
Por último, darías las gracias a todas las personas que has conocido sin olvidarte de ninguna, y les dirías que ha sido fantástico compartir la vida con ellos, y que los llevarás siempre contigo a donde vayas.
Ya tan sólo Pedro, quiero despedirme, dejarte recorrer ese camino que hoy nos va separando de ti, pero que en un futuro, estoy convencido, nos volverá a unir. ¡Adiós hijo mío!
