

Otra vuelta de tuerca de MAFO
Apretar y apretar, siempre del mismo lado, con buen apoyo en la cúspide del Banco de España. Las viejas leyes de la palanca se cumplen en el empeño de pretender que se cambien otras leyes, en este caso las de la legislación laboral. Siempre del mismo lado: apretar, apretar, es lo que hace Miguel Ángel Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España, que ha dado "otra vuelta de tuerca" -¡gracias, Henry James, por consagrar la metáfora, tan expresiva, tantas veces tan oportuna! - con su discurso, siempre bien pertrechado no sólo de teoría, sino de ideología.
Hay que proponer fórmulas para salir de la crisis. ¡Cierto!
Hay, incluso, que lanzar ideas provocadoras para activar el debate público. ¡Vale!
Hay que abandonar cualquier posición que pretenda erigirse en dogma. ¡Muy bien!
Pero ocurre con MAFO que parece que las fórmulas que lanza pesan siempre sobre unos -trabajadores- para que pasen otros ("ley del embudo"); o que las ideas provodoras acaban resultando provocativas para los que injustamente temen ser paganos de los excesos de los beneficiarios del sistema; o que se ven los dogmas siempre unilateralmente, como le sucede a quien lleva clavada la viga en el ojo.
¿O no pasa algo de todo eso cuando MAFO va, viene y habla ahora -vuelta de tuerca- de primar el pacto en la empresa frente al convenio sectorial, porque así se facilitaría mejor "el ajuste de salarios y de otras medidas dirigidas al mantenimiento del empleo"? Es decir, se trata de apretar para el ajuste de salarios, lo cual, de tan claro, va más allá de lo dicho hasta ahora en cuanto a reforma laboral.
No sólo está hablando de extender un contrato indefinido con despido más barato, sino de recorte puro y duro de derechos laborales, de la reconocida y legalmente amparada función de los sindicatos, de eliminación de convenios colectivos.
No sólo está hablando de extender un contrato indefinido con despido más barato, sino de recorte puro y duro de derechos laborales, de la reconocida y legalmente amparada función de los sindicatos, de eliminación de convenios colectivos.
La ocurrente sugerencia de MAFO recuerda contenidos que iban aparejados a la propuesta de triste recuerdo relativa a la semana laboral que podía llegar hasta las 65 horas, la que fue frenada en el parlamento europeo, y a la que tanto nos hemos referido en la campaña de las pasadas elecciones europeas.
Y recuerda también a quien hacia la mitad del siglo XIX criticaba la estructrural condición explotadora de un contrato laboral realizado en condiciones asimétricas tales que la libertad contractual de las partes sólo es una pura ficción interesada, utilizada jurídicamente en beneficio de quien en dicha relación tiene poder -es decir, el capital frente al trabajador que en solitario vende su fuerza de trabajo-. Desde que Marx escribía sobre estas cosas han ocurrido muchas otras.
Hay quienes quieren volver muy atrás, suprimiendo derechos conquistados por los trabajadores y eliminando instituciones (sindicatos) y medios (convenios colectivos) para defenderlos. Muchos de ellos quieren forzar la regresión, aprovechando la crisis, sus apuros, incertidumbres y miedos; algunos de ellos se agazapan tras la doctrina que hoy por hoy se imparte desde la cúspide del Banco de España.
