Macías lamenta la “dejación” de los juzgados de Ponferrada
A. R. López / Ponferrada
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) descubrió ayer los restos de cinco paseados que permanecían en una fosa situada al borde de la carretera, en Santalla. La cruda realidad de lo sucedido asomó en las indelebles huellas dejadas por las balas en los cráneos de los fallecidos.
Los trabajos de exhumación iniciados ayer concluirán hoy bajo la dirección de la antropóloga forense costarricense Roxana Ferllini, que estuvo acompañada por responsables de la ARMH y voluntarios españoles y extranjeros.
Una vez concluida la exhumación, aún restará la ardua identificación de cada uno de los restos de esta fosa, una de las incluidas en la famosa lista inicial del juez Garzón. El Juzgado de Ponferrada ya tiene constancia de la aparición de restos humanos en esta zona de Santalla, según aseguró ayer el vicepresidente de la ARMH, Santiago Macías, que lamentó la “dejación” por no acudir a comprobar la fosa ningún juez ni la policía judicial.
En la zona se hallaron los restos de cinco personas y uno de ellos es, sin duda alguna, Eduardo Celaá Rodríguez, un vecino de Villafranca. Lo certifica un documento de la autoridad militar de Ponferrada de finales de septiembre de 1936, que autoriza a la familia de este hombre su traslado al cementerio de Villafranca, lo que no pudo hacerse debido al avanzado estado de descomposición, pero sí permitió fijar la fecha del suceso yestablecer más nombres por las fechas de la muerte en los archivos de defunciones de los registros civiles que maneja la ARMH.
La documentación indica otros seis posibles nombres: los villafranquinos Nicolás Álvarez Fernández, Victoriano García Castaño, Ovidio de la Cal Izquierdo y Gaspar Uría Mauriz, además del cacabelense Antonio Fernández Alonso y el ponferradino Juan Francisco Falagán Álvarez.
Se sabe que los enterrados fueron detenidos en sus pueblos y trasladados a la prisión de Ponferrada, donde los llevaron a morir a Santalla.
De este entierro fue testigo un pastor de ocho años. Ese niño llamado Ángel López, ahora un anciano con excelente memoria de aquellos hechos, fue uno de los que ayudó a la ARMH a ubicar la fosa ahora descubierta, con lo que ha cumplido uno de sus más profundos anhelos.
Tanto este testimonio como el de otros vecinos permitieron que el georradar encontrase fácilmente el enterramiento.
LA CRONICA DE LEON
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