martes, 30 de junio de 2009

Anna Bolena Meléndez

Zapatillas no, tacones...


 

Desde que adquirimos uso de razón, nuestras madres, tías, abuelas, primas, en fin, cuanta fémina se nos acerca, nos inculca el amor, nos habla sobre el día que nos enamoremos, el día que nos vistamos de blanco y lleguemos al altar para encontrarnos con aquel príncipe azul que durante veintitantos años hemos idealizado.

Cuando jugamos a las muñecas e imaginamos que existe un papá para nuestro Nenuco (niñas de mi generación), lo comenzamos a adornar de los atributos que, según la edad, encajan mejor. Cuando somos chiquitinas imaginamos solamente que nos ama demasiado, que llega a comer a casa y atiende a su bebé. Conforme vamos creciendo y dejamos las muñecas a un lado, continuamos colgándole serpentinas a nuestro imaginario príncipe azul, el cual, conforme pasan las relaciones, vamos perfeccionando.

Cuando por fin tenemos una relación que vale la pena y es material para enamorarte, lo vemos perfecto, nos cegamos ante cualquier tipo de anomalía y sólo nos dejamos iluminar por su sonrisa, sus detalles, sus llamadas, esa sensación nos lleva a idealizar el hombre en cuestión, montarlo en un pedestal y creer fervientemente que, como ese hombre, no hay dos.

Nos juramos las más suertudas porque entre ese manojo de locos, patanes y freaks, encontramos a nuestro príncipe que tanto habíamos buscado... Pero ¿qué creen?, al pasar de los años, cuando la relación se torna seria, cuando los detalles se acaban y su sonrisa ya no nos deslumbra, comienza nuestro descenso hacia el suelo y la realidad... Es un hombre de carne y hueso, lleno de cualidades y defectos que nos negamos a aceptar porque aquel hombre ideal del principio carecía de fallas.

 Es entonces cuando comienza ese camino tan femenino de querer cambiar a nuestra pareja, de olvidarnos que lo aceptamos tal y como era y, meses después, estamos reclamando cosas que al principio nos parecían atractivas.

No voy a decir que las mujeres tenemos la culpa de todo, pero analizando muchas relaciones de mis más allegadas féminas, veo el mismo patrón.

Es un peligro que estemos enamoradas de aquel hombre que no existe, de ese chico que creamos durante toda la vida y que pareciera el único merecedor de nuestro amor incondicional. En el momento en que nuestra pareja de carne y hueso muestra una falla, lo sometemos a juicio y le dictamos sentencia por el cargo de no llegar a la altura del hombre de nuestra vida (el cual es un espejismo).

Es entonces cuando nos juntamos todas las amigas y comenzamos con la tarea de darnos la razón en todo. “Es que no llegó temprano a casa...”, “Es que no me cuidó cuando tenía gripa”, “Es que, es que, es que...” Entonces sabemos con certeza que aquel padre de nuestro Nenuco jamás hubiera llegado a casa tarde ni nos hubiera abandonado por sus amigos ni se hubiera ido cuando una gripita no nos dejaba en paz, ¿pero qué hombre es lo suficiente para cargar el peso de una perfección inexistente que nosotras insistimos en cultivar?

El problema con las mujeres y el amor es que todavía esperamos ese final de hadas, que cuando te vean perdida corran por bosques espinosos y con su espada se abra camino para llegar hasta el dragón que nos tiene cautivas, nos tome entre sus brazos (después de matar al pobre dragón) y nos diga cuán bellas nos vemos y lo afortunado que es por robar nuestro corazón...

Pero ahí les va una noticia: no hay príncipe azul, no hay bosques espinosos, no hay espadas que abran caminos por esos bosques y mucho menos dragones qué matar, además, si hemos sido cautivas de un dragón, nos veremos de todo, menos bellas... Así que, chicas, tenemos que comenzar a pelear con esa fantasía que, más que hacernos un bien, sabotea la realidad del amor y creo fervientemente que esa también tiene mucho encanto.

Si soy honesta, debo decir que todavía leo cuentos de hadas y son los que más me gustan.

AUDREY HEPBURN

Y sin embargo se mueve

Cuando tenemos una pareja que vale la pena y es material para enamorarte, nos cegamos ante cualquier anomalía y sólo nos dejamos iluminar por su sonrisa.

EL EXCELSIOR DE MEXICO


Tags: MUJER, DERECHOS, SEXUALIDAD

Publicado por 26115 @ 16:46
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios