
Una manifestación uigur – la minoría musulmana de la región autónoma china de Xinjiang – se saldó el pasado domingo con 156 muertos y más de 800 heridos. La policía disparó contra la multitud en las calles de Urumqui, la capital, en los incidentes más violentos desde la matanza de estudiantes en Tiananmen.
Los manifestantes pedían que se investigara un enfrentamiento producido el mes pasado entre uigures y chinos han – la etnia mayoritaria del país – en una fábrica de Shaoguan, en la que murieron dos uigures. Lo que comenzó como una protesta pacífica, en la que participaban entre 1.000 y 3.000 personas degeneró en una batalla campal con quema de vehículos, incendio de viviendas, enfrentamiento con los antidisturbios y ataques a miembros de la etnia han.
El Gobierno ha sitiado la ciudad, ha clausurado Internet y ha impuesto el toque de queda en la región, según reflejan los diarios. En las últimas horas la policía china ha detenido a más de 1.400 personas, a pesar de lo cual los uigures han reanudado las protestas en las calles de Urumqui, que se han extendido a la ciudad de Kashgar.
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