
Moratinos ha hecho bien yendo al Peñón para asistir al III Foro de Diálogo sobre Gibraltar. Se trataba de lograr una foto similar a esa del año pasado en que el ministro británico de Exteriores, David Miliband, el ministro principal de Gibraltar, Peter Caruana, y nuestro ministro Miguel A. Moratinos, daban cuenta de lo tratado entre ellos. Había que hablar de nuevo, esta vez sobre cuestiones medioambientales y marítimas que son cruciales en las aguas del Estrecho y que competen a todos, pues de españoles, británicos y gibraltareños es la responsabilidad, hoy por hoy.
De camino, Moratinos ha llevado en la cartera asuntos relativos a los trabajadores españoles en el Peñón. Y entre tanto, esta nueva conversación a tres bandas, que luego tiene su continuidad a dos entre el ministro de nuestro Gobierno y el ministro británico, flexibiliza unas relaciones que requieren buen aceite diplomático.
El PP aprovecha torticeramente la ocasión una vez más, sin ninguna visión de Estado y saltándose los acuerdos que los mismos populares han suscrito al respecto en sede parlamentaria -como Elena Valenciano le ha recordado hoy mismo a Gustavo de Arístegui en la SER-, para sacar tajada criticando al Gobierno.
Se ve que en aguas del Estrecho no ven más que perejiles y que en tierra firme, en cuanto hay una leve brisa de levante que haga ondear la bandera rojigualda, se ponen tan lenguaraces que quieren ser tan montaraces como para escalar la Roca a las primeras de cambio. He ahí una buena dosis de espíritu patriótico embebido de ese nacionalismo españolista que nada quiere saber de negociaciones, y menos aún admitir que un ministro de España visite a los llanitos en el Peñón por primera vez desde el Tratado de Utrecht. ¡Viva la soberanía española -parecen gritar con su desconsiderada crítica-, aunque sea impotente -que parece que es lo que quieren tragarse, como la rueda de molino gibraltareña que el franquismo se zampó con sus cuarenta años de dictadura nostálgica de ese imperio que ya en 1713 era declinante-!
En conclusión: ¡bien por Moratinos!
Deberes para mañana: hay que conseguir que en el Gibraltar futuro no quede nada del paraíso fiscal que tan buen edén ha sido para más que opacos capitales a la sombra del Peñón. Seguro que algún rincón de la Roca alberga una cueva para más de cuarenta. ¿Habrá por allí algún regalo escondido o algún capital a buen recaudo, es decir, atado con buena correa -Gürtel en alemán-? Quizá por eso no quiere alguien que nadie asome las narices por Gibraltar.