Hoy me siento triste, triste y preocupado. Hemos conocido los resultados de la prueba de evaluación que realiza la Comunidad de Madrid a los alumnos de Sexto de Primaria (12 años) y Tercero de Secundaria (15 años).
Más allá de las imperfecciones de una prueba y una metodología claramente mejorable, los datos nos muestran con toda su dureza los devastadores efectos que la política educativa del Gobierno regional están teniendo en los niños y jóvenes de la Comunidad de Madrid. Casi la mitad de los pequeños no sabe cuál es la capital de Italia y más de la mitad de los mayores no saben aplicar el Teorema de Pitágoras.
Año tras año, la calidad del sistema educativo de nuestra Comunidad se deteriora, tenemos excelentes docentes, maestros y profesores que han hecho de la educación su vida, pero la pérdida de modelo educativo y la falta de recursos les superan.
Invertir en educación es invertir en futuro e invertir en cómo queremos que sea la sociedad de mañana. Nuestra región es la última en España en cuanto a porcentaje de su riqueza que destina a la educación, un porcentaje que es, además, la mitad de lo que de media dedican los países europeos. En definitiva, somos una comunidad rica con una educación pobre.

Y quien suspende no son los niños y niñas, es la presidenta de la Comunidad de Madrid que no sólo no acierta en lo que debe ser la prioridad de su gobierno, sino que está haciendo perder un tiempo precioso a la sociedad madrileña para situarnos entre esas 10 regiones líderes de Europa.
Pero el suspenso no es sólo en cuanto a un conjunto de conocimientos. Al hilo de estas reflexiones sobre educación y menores, la actualidad nos lleva indefectiblemente a hablar sobre aquellos menores que delinquen, a veces, con resultados horribles.
En este sentido, y como consecuencia de algunos sucesos terribles, se está alimentando el debate acerca del endurecimiento del Código Penal para los menores.
Un asunto de esta envergadura no puede ni debe debatirse en caliente, es necesaria una reflexión más profunda sobre que edad debemos considerar, ¿12, 13, 14 años?, sobre las causas, los esfuerzos en prevención de estas conductas que debe realizar el conjunto de la sociedad y sobre el castigo y los itinerarios de inserción que hay que instaurar.
Sin duda, la educación es el mejor instrumento para evitar actos delictivos y conductas que, de alguna manera, son un fracaso colectivo. No se trata sólo de aprender Matemáticas, se trata de integrar, de educar para ser un ciudadano -y eso que nuestra Comunidad ha sido la última en poner en marcha, y lo ha hecho a regañadientes, la Educación para la Ciudadanía-.
Es posible que haya que reformar el Código Penal, establecer mecanismos de rehabilitación y castigo. Es muy probable que los centros de menores no sean una solución eficaz, ni parece razonable internar a un chico de 13 años en una prisión ordinaria, y, sobre todo, la sociedad no puede resignarse a fracasar con alguien que aún no es, siquiera, mayor de edad.
No me gusta el planteamiento de la derecha política y judicial. Para nada les preocupa el debate sobre las causas, prefieren siempre el lado coercitivo al lado preventivo, pero es inmoral cuando se hace exclusivamente por razones electorales. Por otra parte, vuelvo a detectar cierta contradicción entre la posición del PP, en este caso en cuanto al derecho a ser o no ser madre, por ejemplo, de una joven de 16 años y la aplicación del Código Penal correspondiente a un mayor de edad.
Si se puede casar un joven con 16 años, puede tener relaciones sexuales consentidas, puede realizarse una operación de cirugía estética en el pecho o autorizar un tratamiento de quimioterapia y si muchos pensamos que también puede decidir no ser madre, y además ahora queremos aplicar de manera plena el Código Penal, pregunto:
¿No va siendo hora de que la sociedad abra el debate de la mayoría de edad a los 16 años?
Pero este es otro debate…
TOMAS GOMEZ SECRETARIO GENERAL PSOE DE MADRID