“Socialistas y conservadores prefieren los altercados ordinarios y duras acusaciones, tanto cuando se trata de los planes para combatir los frecuentes incendios forestales, como cuando se trata de los planes para combatir la crisis económica. Las propuestas de la parte contraria, por norma suelen ser rechazadas con fuertes protestas y abucheos. A ser posible el protagonista del plan es acusado de oportunista y tramposo. Y cuando no se tiene un plan que puedan echar abajo o un adversario político para ofender, se busca otra alternativa. Los políticos suelen en tal caso refugiarse en disputas y agravios”.
“Sobre la lucha contra el movimiento separatista vasco, ETA, sobre las secuelas jurídicas y sociales de la Guerra Civil española (1936-1939) o sobre la dictadura de Franco (1939-1975). O, por supuesto, también sobre los recurrentes escándalos de corrupción, en los que unas veces están implicados los socialistas y otras los miembros del partido conservador. Los españoles tienen una palabra muy bonita para calificar este tipo de disputas públicas: ´crispación ’…Y cuando los insultos graves ya no surten efecto, los políticos españoles se sacan de la chistera una conspiración. La más conocida: la de los atentados del 11 de marzo en Madrid, la teoría de conspiración durante años – que de hecho ha sido ya desvirtuada – de que terroristas musulmanes, la ETA y posiblemente también agentes de policía habrían estado implicados en la masacre que costó la vida a 191 personas”.
“Pero desde este mes los españoles están cautivados por una intriga quizás aún más fuerte. Según los conservadores, España se ha convertido en un Estado policial en el que el Gobierno socialista del presidente José Luís Rodríguez Zapatero realiza escuchas telefónicas de conversaciones por miembros del PP y utiliza al Fiscal de Estado y a los miembros de seguridad para sus propios intereses políticos. El Gobierno, en lugar de perseguir a los sospechosos de terrorismo, estaría haciendo todo lo posible por neutralizar a los miembros de la oposición. Una afirmación que merece ser calificada de ridícula en un Estado de derecho democrático y moderno como España…”
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