“En la guerra civil española, “las atrocidades fueron consumadas a manos llenas por ambos contendientes”... “Sin embargo, el ‘terror rojo’, por lo menos en línea de principio, fue condenado y reprimido por las autoridades civiles y militares, por el partido comunista y por los dirigentes de la FAI y de la CNT”, mientras que “para los franquistas la masacre de los ‘rojos’ formaba parte de una especie de misión civilizadora, como la que había inspirado las crueldades de las expediciones coloniales en Marruecos. ‘Hay que matar’ era el lema de los franquistas contra los rojos. La Iglesia local los apoyó sin reservas. Los nacionalistas arrojaban a los enemigos a los vertederos de las fosas comunes”.
”Hoy esas fosas comunes son abiertas de nuevo, junto con las heridas que el tiempo no consigue curar. La Ley sobre la Memoria Histórica suscita todas las perplejidades que crea desde siempre la pretensión de un Estado de sancionar por ley una verdad histórica. En España, sin embargo, ahora se trata de vallar una memoria pública basada e la libertad y en la democracia, que no puede menos de arreglar cuentas con la dictadura y la tiranía del régimen franquista… En este sentido, enteramente político y muy poco eclesiástico, hay que leer la decisión de la Iglesia de beatificar a 498 sacerdotes y laicos asesinados por los republicanos en la década de los 30... Ciertamente la violencia anticlerical fue parte integrante de la ferocidad de aquella guerra”.
”Se advirtió el peso de una cultura anticlerical profundamente arraigada, debida a la peculiar posición temporal constantemente mantenida por la Iglesia católica española que siempre se identificó con el poder y con la opresión y siempre estuvo ligada a los intereses de los propietarios de la tierra y de las clases más ferozmente reaccionarias. Sobre esas complicidades la ‘beatificación masiva’ puede extender el velo de la santificación, mas no el del olvido”.
OCTUBRE 2007
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