Dos autobuses bomba conducidos por terroristas suicidas estallaron ayer de forma sincronizada en la Zona Verde de Bagdad, supuestamente la más segura de Irak, en la que se encuentran los principales edificios gubernamentales. El doble atentado, el más grave registrado en Irak desde el verano de 2007, causó al menos 132 muertos y más de 600 heridos. La mayoría de las víctimas eran peatones que pasaban por el lugar en el momento de la explosión, que afectó a los edificios en que se encuentran el Ministerio de Justicia y el Consejo Provincial.
Aunque ningún grupo ha reivindicado todavía la autoría del atentado, todo apunta a grupos vinculados a Al Qaeda. Las autoridades iraquíes acusaron a fuerzas externas de apoyar los ataques. “Los países vecinos y lejanos deben dejar para siempre de acoger, financiar y apoyar a las fuerzas que proclaman abierta su hostilidad hacia el Estado iraquí”, declaró el presidente Jal Talabani. “Son las mismas manos negras manchadas con la sangre del pueblo iraquí (&hellip
Quieren sumir a la nación en el caos, obstaculizar el proceso político y evitar las elecciones”, añadió en un comunicado el primer ministro Nuri al Maliki.
Este nuevo ataque se produce cuando el Parlamento iraquí se disponía a votar la Ley Electoral que regirá los comicios generales convocados para el próximo 16 de enero. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, transmitió su condena al Gobierno de Irak. “Estas bombas no sirven más que para asesinar a hombres, mujeres y niños inocentes, y sólo ponen de manifiesto los objetivos de odio y destrucción de quienes pretenden negar al pueblo iraquí el futuro que se merece”, señaló Obama en un comunicado difundido por la Casa Blanca.
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