Las víctimas fueron en su mayoría jornaleros congregados por la mañana en la céntrica plaza de Tayaran, que estaban a la espera de ser contratados para trabajar de forma temporal en alguna obra de construcción.
Los diarios precisan que la mayoría de los buscadores de empleo vienen del este de Bagdad y de Ciudad Sáder, y son chiíes.
El primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, hizo público un comunicado en el que acusa del ataque "a los extremistas suníes y sus aliados sadamistas".
El presidente del Parlamento, el suní Mahmud Mashhadani, denunció también el atentado, "obra de gente fuera de la ley y carente de religión".
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