NUEVATRIBUNA.ES - 29.12.2009
Rouco Varela cree que sólo es posible una familia. Pero, ¿cómo es posible si él ha fundado, sin duda alguna, una familia nada convencional, la que le une a sus feligreses, a su parroquia, a su comunidad, en una misma creencia religiosa, en una misma práctica cotidiana?
La curia vaticana lleva siglos empeñada en practicar el humanismo bajo una hipótesis tan inhumana como la lucha contra la diversidad. No había más Dios que uno, dijeron y siguen haciéndolo, de la mano de las otras religiones monoteístas. Y ese Dios, concebido a la manera del hombre, es en el que creen a pies juntillas, ya sean precisas las hogueras y los sambenitos de antaño o las excomuniones y exorcismos todavía vigentes.
Resulta sumamente paradójico que la palabra “católico” venga a significar “universal”, cuando el mundo es naturalmente mestizo y su pensamiento sin embargo es ario, excluyente, unidimensional, por más que muchos filósofos y fieles de ese mismo credo se cayeran del caballo hace mucho en el camino de Damasco y reconocieran esa bonancible verdad del Nuevo Testamento que a veces nos encandila incluso a los ateos.
Rouco Varela, en el fondo, no cree que su compromiso con la iglesia, esto es con la asamblea de todos los creyentes, constituya sin duda la familia cristiana. La única familia posible es la familia nuclear del puritanismo británico: los conyuges y sus hijos, el sexo tan sólo concebido a los efectos de la procreación, una especie de manual de supervivencia en tiempos difíciles que es lo que suelen transmitirnos casi todas las escrituras sagradas.
Si el Islam permite la poligamia, de hecho, no es sólo por machismo sino como una forma de procrear propagandistas de que no hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta. Otro tanto cabría decir de los mormones en tiempos del Far-West y otros episodios de conquista y repoblación.
Rouco Varela no concibe que puedan llegar a constituirse en familia esas tres amigas que nunca se rozaron pero que desde hace décadas comparten el café de media tarde como un antídoto frente al desamor, los novios fugitivos, los problemas domésticos, la falta de eternidad en su vientre yermo y mal visto por el inexplicable prestigio de las familias numerosas. Ni tampoco –a qué engañarnos-- ven con buenos ojos que dos viudos contraigan nupcias en el ocaso de sus días, quizá simplemente para que el otro herede la casa que tal vez sus hijos no merezcan del todo.
Y, por supuesto, ni qué decir tiene que no le es posible darle la bendición al muchacho que, a decir de Federico García Lorca, se viste de novia en la oscuridad del ropero, y busca en la noche alguien que se parezca a Walt Whitman para pasear de la mano a la luz del día. Tampoco, a sus ojos, serán nunca una familia esas tres, cuatro o cinco personas que comparten techo y caricia, conversación al atardecer y una esperanza incierta en que, como diría Woody Allen, si la cosa funciona la vida merece la pena.
Ignoro si Rouco Varela entiende que cualquier familia vale para alejarnos del peligroso pecado de la soledad no elegida; cualquier familia sirve contra el miedo a que la muerte nos despoja incluso de la debilísima sombra de nuestro propio recuerdo.
Pero estoy convencido de que el cardenal, sin duda, entre manifestación y homilías, al compás del hisopo y en cualquier pliegue de sus casullas, se habrá parado a reflexionar a menudo sobre la Sagrada Familia. ¿Qué hubiera sido de él mismo y de todo el mundo cristiano si aquel Jesús se hubiera simplemente quedado en Nazaret y heredado la carpintería del padre? ¿Qué hubiera sido de todos, incluso de quienes no creemos que fuera la tercera parte de Dios, si no hubiese pretendido hacer de todos los seres humanos su propia familia?
Juan José Téllez es escritor y periodista, colaborador en distintos medios de comunicación (prensa, radio y televisión). Fundador de varias revistas y colectivos contraculturales, ha recibido distintos premios periodísticos y literarios. Fue director del diario Europa Sur y en la actualidad ejerce como periodista independiente para varios medios. En paralelo, prosigue su carrera literaria como poeta, narrador y ensayista, al tiempo que ha firmado los libretos de varios espectáculos musicales relacionados en mayor o menor medida con el flamenco y la música étnica. También ha firmado guiones para numerosos documentales.>
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