Como sus Majestades saben, son ya muchos años los que les escribo y lo hago siempre con esperanza y con ilusión. Deposito en estas líneas la utopía en la búsqueda de un mundo mejor, más solidario y más justo, un hálito de esperanza que siempre me acompaña y estará conmigo esta noche cuando se silencien las noticias de la mentira y de la corrupción, de la insolidaridad con la pobreza, de la muerte con el terror y la religión, de la injusticia y de la intolerancia.
Dicen que lleváis oro, incienso y mirra y quisiera pediros tres cosas para soñar, en esta tierra, con alcanzar la felicidad en un mundo mejor, más solidario y más justo.
Rey Baltasar, no me traigáis oro. Dejad la riqueza en África, de donde venís. Más de la mitad de su población necesita alimentos de manera urgente. Sabed que aquí en la Comunitat Valenciana abunda la insaciable sed de dinero, consumo y prestigio, la falta de moderación y modestia, la avaricia y la soberbia, la usura, la cultura de la especulación, del enriquecimiento personal.
No me regaléis ni coches millonarios, ni trajes bonitos. Os pido que mantengáis en mí el espíritu machadiano de estos dos versos: "A mi trabajo acudo, con mi dinero pago / el traje que me cubre y la mansión que habito". El oro, la riqueza, quiero que la distribuyáis. No sólo a una familia aunque sea muy pobre. La igualdad social es una forma de corregir los males del capitalismo y la mejor manera de alcanzarla sería mediante la redistribución de la riqueza. Cuanto mayor sea la participación de la renta nacional en este propósito, menor será la desigualdad.
Rey Gaspar, dicen que entregáis incienso, símbolo de Dios, y que tanto utilizan los ritos religiosos. No me regaléis incienso. Dejad que conquiste la libertad cada día. Sabed que los agnósticos, los ateos, los indiferentes ante el hecho religioso tenemos convicciones y creencias, entre ellas la libertad ideológica. Judíos contra palestinos, moros contra cristianos, católicos contra protestantes, hindúes contra musulmanes.
La religión ha sido la causa y excusa de guerras y una de las herramientas para fomentar odio y destrucción. Podéis perfumar los establos de mi tierra pero con el incienso de la tolerancia y la paz. Porque en mi tierra, rey Gaspar, con el viento de las competiciones millonarias de veleros y coches están olvidadas las personas dependientes, la educación y la sanidad.
Rey Melchor, portador de la mirra, de ese aceite balsámico, místico, famoso por su poderosa acción calmante y reconfortante sobre el espíritu. No quiero dormir, ni calmarme, ni embalsamar a nadie. Dicen que quisisteis representar al hombre. Espero que mantengáis en nosotros el espíritu de lucha por conquistar la mayor calidad de la democracia.
Quiero que despertéis a mis vecinos y vecinas y les digáis que la democracia y los derechos humanos no son un don de la naturaleza, sino una voluntad y un deseo que siempre han necesitado organizarse para conquistarlos.
Sólo tres regalos: igualdad social, tolerancia, calidad democrática. Oro, incienso y mirra. Por último quisiera para mí que me otorguéis diariamente la utopía necesaria para seguir en este viaje sin el vértigo de la desesperanza y del desengaño. Sé que lo tengo difícil, pero vuestra magia es poderosa.