A Manuel Benito Moliner |
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Por Toño MOLINER y Eugenio MONESMA
11/01/2010Amigo Manolo: Desde aquel "Manolito" que nació en casa "El Pajero", una vivienda típica de labradores de la calle San Lorenzo, han pasado 51 años. Nosotros, que te hemos conocido bien desde nuestra infancia y desde nuestra amistad, queremos aportar un capítulo inédito en tu particular "Álbum de Adioses" para los muchos amigos que has hecho a lo largo de tu vida. En ese barrio de labradores, impregnado de olor a paja y humo de leña, pasaste tu infancia arropado por tus padres y abuelos paternos. De allí os trasladastéis a vivir a la placeta de Montearagón, donde nació tu hermana Mamen. Escribiendo este capítulo de tu infancia se nos agolpan los recuerdos y vivencias compartidos, pero el espacio nos obliga. Podemos decir que nada de lo que has logrado a lo largo de tu vida ha sido sencillo. Tus principios éticos te llevaron a trabajar durante las vacaciones en una empresa de fabricación de vigas y en otra recogiendo huevos para contribuir así a cubrir los gastos de tus estudios de Medicina. Luego ejerciste de médico rural en Bielsa, Abiego, Adahuesca… donde tu carácter te acercó a sus gentes y empezaste a estudiar sus costumbres y tradiciones. Quizás esa cercanía con la realidad rural y la afición de nuestro tío Pedro Moliner por la fotografía, fue lo que te inyectó ese cariño por nuestra ciudad, por su entorno, por sus personajes y por sus historias que luego tú te has preocupado de investigar y documentar para contarlas al resto de los ciudadanos. Te recordamos en aquel pequeño habitáculo del sótano de la farmacia Compairé, con Angel Gari, tío Pedro y tu hermana Mamen, que en ese momento era la secretaria del recién fundado Instituto Aragonés de Antropología, sorprendido y entusiasmado por el magnífico archivo fotográfico que teníais en vuestras manos y que enseguida sacastéis a la luz. Dejaste de ejercer la medicina y preferiste un trabajo menos pomposo, cuidando enfermos en el psiquiátrico; muchas veces nos preguntábamos en la familia el por qué de esta decisión. Tu cercanía con los internos te permitió manifestar esa humanidad que llevabas dentro. Aún recordamos cuando nos contaste que un interno te dijo que allí él era "La sombra del olvido", una descripción que se nos ha quedado grabada para siempre. No conforme con tu carrera de medicina y siguiendo los pasos de los grandes humanistas del Renacimiento, quisiste ampliar tus conocimientos estudiando la carrera de Humanidades en el poco tiempo libre que te dejaba el trabajo, la familia y la investigación. Allí hiciste muchos y muy buenos amigos entre el profesorado y los compañeros. Como tú decías, tus esperanzas de una Huesca mejor se vieron traicionadas por políticos al uso, aunque otros muchos, de distintas ideologías vieron en ti lo que dijo en tu duelo Enrique Sánchez Carrasco: una persona incorruptible, cristalina y transparente. Fiel a tus principios y honrado en tus convicciones ideológicas, fuiste uno de los impulsores y dinamizador del Centro Republicano "Manolín Abad". Para ti y para nosotros han sido muchas e intensas vivencias, pero muy pocos los años que hemos podido compartir. La enfermedad te ha hecho salir de este mundo, pero permanecerás en la memoria de todos. Ahora, desgraciadamente, has escrito el último capítulo del "Album de Adioses" de tu vida, cuando todos esperábamos que nos siguieras contando más historias de nuestras gentes y de nuestra ciudad. Nosotros nos hemos permitido, contar algo, muy poco, de tu honesta vida. Ya te avisaremos cuando se proclame la Tercera República. Salud y República. Un cáncer cruel nos lo ha arrebatado a temprana edad. No es ésta una muerte más, aunque todas nos merecen respeto. Con la desaparición de Manolo Benito, un hombre bueno en el sentido machadiano de la palabra, perdemos todos: su familia, sus amigos y la ciudadanía en general. Licenciado en Medicina y Humanidades, Antropólogo, Documentalista e Investigador, sus trabajos son conocidos por la mayoría de los oscenses que se preocupan por su tierra. Cuentan que en una reunión de allegados un tertuliano presumía de no tener enemigos, fue entonces cuando el Nobel republicano Ramón y Cajal, que participaba en ella, intervino extrañado: -"¿No tienes enemigos ¿Es que jamás dijiste la verdad " – Esos eran los enemigos que tenía "Manolo", los que uno se crea por decir la verdad. Enemigos que, dada su conocida nobleza, eran más bien adversarios que otra cosa. Se declaraba con orgullo ¡Ciudadano! para diferenciarse de los súbditos, lo proclamaba, sin importarle, a los cuatro vientos. Y en los tiempos que corren de clamorosos silencios "Monarquicanos", aparecía, rara avis, el intelectual incorruptiblemente republicano comprometido con los principios de Libertad, Igualdad y Solidaridad. Crítico con la sumisión política y desengañado de la izquierda reformista por haber olvidado defender la igualdad frente el sistema de privilegios, miraba con desdén la sinecura pública y la mamandurria cortesana. En el C.I.C., ese rincón modesto y amable que tiene por lema "Piensa y Lucha", en el que nos veíamos a menudo tantos amigos, se nos ha apagado la Luz: ¡¡Cuánto lo sentimos!! Ya nunca será igual. Afrontó el último tramo de su vida con toda naturalidad, como si no ocurriera nada. Sólo muy al final le oímos decir: "A esperar y a no perder la dignidad". Vio llegar la muerte con la mirada lúcida del ateo y pidió que sus cenizas fueran esparcidas en el Cementerio Civil, donde yacen enterrados los restos de Fermín Galán y otros republicanos. Allí, como ya es tradición, nos volveremos a encontrar -nunca mejor dicho- el 14 de abril de cada año. Como si quisieras facilitarnos esta despedida, te nos marchas en el año del centenario de ´¡otro de los nuestros!`: el poeta Miguel Hernández. Así que te diremos adiós con el primer verso de su famosa elegía por la muerte de un amigo: "Yo quiero se llorando el hortelano / de la tierra que ocupas y estercolas, / compañero del alma, tan temprano". |