Granada 2 de enero, los fantasmas del fascismo español al descubierto
(Antonio Torres - La Haine)
El 2 de enero de 1492, los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, tomaban la ciudad Granada, capital del Reino Nazarí, el último reducto andalusí independiente en la Península, dando por concluida la llamada por la Historia españolista “Reconquista”, afianzando así la unidad hegemonizada fundamentalmente por el Reino de Castilla de la Península Ibérica en un estado, una religión y una lengua, que se concretaría algo más tarde, en 1512, con la pérdida de la independencia del Reino de Navarra, y en las continuas pretensiones castellanas sobre Portugal.
Como cada año, el Ayuntamiento granadino tiene a bien celebrar esta fecha.
El acto en cada uno de sus momento, en cada una de sus partes, es una continua exaltación de la conquista cristiano-castellana de Granada, con todo lo que ello significa: militarismo, racismo, islamofobia, fascismo, y nacionalismo español.
Como cada año, organizaciones fascistas de diferente calaña se dan cita en este acto, considerado como la conmemoración del nacimiento de una España cristiana y católica, europea, étnica y racialmente pura y limpia, sin diferencias nacionales e identitarias.
Esta concentración fascista, con toda su parafernalia, es consentida por las autoridades municipales, es más, es parte ya de la celebración. Este consentimiento ha correspondido tanto a Ayuntamientos del PSOE como del PP; representantes institucionales de diferente signo político participan de esta celebración.
Nunca en otro lugar como en Granada ni en otro día como un 2 de enero se puede comprobar la verdadera esencia de España, sus principios fundacionales como Estado y como aspiración nacional reaccionaria.
Frente a esta celebración, se encuentran sus detractores, quienes piensan que Granada, y el conjunto de Andalucía, no celebra una victoria sino una derrota que supuso, de una parte, la persecución cruel y despiadada de quienes no se sometieron a los dictados de los conquistadores y se mantenían en sus costumbres y creencias, y de otra, el nacimiento de una Andalucía sometida y dependiente en todos los sentidos, en palabras del Padre de la Patria Andaluza, Blas Infante, “(...) Isabel viene a consumar la obra.
Se queman Bibliotecas, se destruyen templos e industrias. La tierra de Andalucía queda toda ella, definitivamente, distribuida en grandes porciones entre los capitanes de las huestes conquistadoras o entre colonos de los pueblos conquistadores que no aman la labranza y continua más adelante: “El despiadado asimilismo viene a imperar.
Se castiga el baño, se proscriben el traje, la lengua, la música, las costumbres, bajo graves tormentos. Empieza la labor de enterrar nuestra gloriosa historia cultural; su recuerdo es castigado como crimen; al cabo de tres generaciones los andaluces creen que son europeos, y que los moros que había en Andalucía eran unos salvajes que ellos vinieron del Norte a echar más allá del Estrecho. De la Sociedad y de la Patria andaluza sólo quedan fermentos inorgánicos.” (La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía).
En cierta forma, y salvando las distancias que haya que salvar, poco diferencia a celebraciones como la Toma de Granada de, por ejemplo, los desfiles de los unionistas por los barrios católicos y republicanos en el Norte de Irlanda.
Pero la celebración de la Toma de Granada no sólo encuentra el lógico rechazo de quienes reivindican y defienden el hecho nacional andaluz y la soberanía del pueblo andaluz, sino que, como se ha señalado antes, es tal la exaltación reaccionaria, que cualquier antifascista debe reaccionar consecuentemente.
En este sentido ha estado el pronunciamiento de Mavi Muñoz, madre del joven antifascista madrileño Carlos Palomino asesinado por un militar español, y presidenta de la asociación de víctimas de la violencia fascista, racista y homófoba, al señalar que el acto promueve la violencia fascista. En el mismo sentido también se ha pronunciado SOS Racismo de Granada.