Habrá quiénes se pregunten cómo unas instituciones supuestamente democráticas consienten en sus celebraciones tal demostración explícita de racismo, xenofobia, y fascismo, la respuesta no puede ser otra que la coincidencia entre esas instituciones y las demostraciones fascistas en reforzar la idea de la nación española, al precio que sea, es decir, en negar la Historia y la identidad a los granadinos y a los andaluces en general, haciéndoles pasar una derrota por una victoria, un genocidio por una guerra de liberación.
Fascistas e instituciones presuntamente democráticas coinciden en señalar el 2 de enero la importancia de la unidad de España frente a las reivindicaciones de los diferentes pueblos del Estado español.
Frente a esas pretensiones están los derechos democráticos de los pueblos a decidir su futuro, entre ellos, lógicamente, el pueblo andaluz, en una Andalucía que en el año 2009 registró un aumento del paro de un 18,37% con respecto al año anterior, y en una Granada, que mientras celebra esta fiesta racista, vive en la incierta perspectiva de paro y marginación.