martes, 19 de enero de 2010

Carta de Bakunin a su hermano  Pablo


  

“París,  29 de marzo de 1845. 

Soy el mismo, como antes, enemigo declarado  de la realidad existente, sólo  con esta diferencia, que he cesado  de ser teórico, que he vencido, en fin, en mí  la metafísica  y la filosofía, y que me he arrojado enteramente, con toda mi  alma,  en el mundo práctico, el mundo del hecho real.

Créeme, amigo,  la vida es  bella; ahora tengo pleno derecho a decir eso, porque  he cesado hace mucho de  mirarla a través de las construcciones  teóricas y a no conocerla más que en la  fantasía, porque he  experimentado efectivamente muchas de sus amarguras, he  sufrido  mucho y he caído a menudo en la desesperación.

Yo amo, Pablo,  amo  apasionadamente: no sé si puedo ser amado como yo quisiera  serlo, pero no  desespero, -sé al menos que se tiene mucha simpatía  hacia mí-; debo y quiero  merecer el amor de aquella a quien amo,  amándola religiosamente, es decir,  activamente -está sometida  a la más terrible y a la más infame esclavitud- y  debo liberarla  combatiendo a sus opresores y encendiendo en su corazón el  sentimiento  de su propia dignidad, suscitando en ella el amor y la necesidad  de  la libertad, los instintos de la rebeldía y de la independencia,  recordándola a  sí misma, al sentimiento de su fuerza y de sus  derechos.

Amar es querer la  libertad, la completa independencia  del otro; -el primer acto del verdadero amor  es la emancipación  completa del objeto que se ama-; no se puede amar  verdaderamente  más que a un ser perfectamente libre, independiente, no sólo de  todos los demás, sino aún y sobre todo de aquel de quien se  es amado y a quien  se ama. 

He ahí mi profesión de fe política,  social y religiosa, -he ahí el  sentido íntimo, no sólo de mis  actos y de mis tendencias políticas, sino  también, en tanto  que puedo, el de mi existencia particular e individual- porque  el  tiempo en que podrían ser separados esos dos géneros de acción  está muy lejos  de nosotros; ahora el hombre quiere la libertad  en todas las acepciones y en  todas las aplicaciones de esa palabra,  o bien no la quiere de ningún modo.

 Querer, al amar, la dependencia  de aquel a quien se ama, es amar una cosa y no  un ser humano,  porque no se distingue el ser humano de la cosa más que por la  libertad; y si el amor implicase también la dependencia, sería  la cosa más  peligrosa y la más infame del mundo, porque sería  entonces una fuente inagotable  de esclavitud y de embrutecimiento  para la humanidad.

Todo lo que emancipa a  los hombres, todo  lo que, al hacerlos volver a sí mismos, suscita en ellos el  principio  de su vida propia, de su actividad original y realmente independiente,  todo lo que les da la fuerza para ser ellos mismos es verdad;  todo el resto es  falso, liberticida, absurdo.

Emancipar al hombre,  he ahí la única influencia  legítima y bienhechora. Abajo todos  los dogmas religiosos y filosóficos -no son  más que mentiras-;  la verdad no es una tontería, sino un hecho, la vida misma es  la  comunidad de hombres libres e independientes, es la santa unidad  del amor que  brota de las profundidades misteriosas e infinitas  de la libertad individual...”


Tags: BAKUNIN

Publicado por Desconocido @ 16:18
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