miércoles, 20 de enero de 2010
Los tranvías son un excelente sistema de transportación en grandes ciudades que requieren de estaciones relativamente más cercanas que las de los sistemas subterráneos de transporte colectivo.

A pesar de ser más lentos que éstos, su ventaja reside en el hecho de que sus estaciones estén cada 100 o 150 metros, contra los 800 o mil metros de los sistemas subterráneos. Son sistemas que se complementan y no deben competir entre sí. Como ambos sistemas son alimentados por energía eléctrica, la transportación que proveen es limpia y menos contaminante que los autobuses y, por supuesto, mucho menor que la de automóviles.

Los sistemas de tranvías en las grandes ciudades sirven para alimentar o dar continuidad a los sistemas masivos, sean éstos elevados o subterráneos, incluso mediante un mismo boleto si se utiliza dentro de un tiempo determinado en la misma dirección. Al ser los sistemas masivos más caros de construir y con estaciones más alejadas unas de otras, las redes de tranvías permiten ampliar las zonas atendidas a costos más accesibles.

En grandes ciudades de todo el mundo, tanto en Europa como en Asia y América Latina, los transportes públicos municipales requieren de sólo un boleto para su utilización, así sea en varios vehículos; por eso, sólo se requiere un boleto para abordar el autobús o el tranvía que lo lleve a alguna estación del Metro, para el propio Metro y posteriormente para otro tranvía que lo conduzca desde la terminal del Metro hasta su destino.

La mayor parte de las ciudades modernas tienen redes de tranvías para evitar los sistemas caros, peligrosos, contaminadores e ineficientes de vehículos relativamente pequeños, como los llamados "peseros" del Valle de México. Los sistemas municipales ofrecen el cobro de una sola cuota por viaje "multimodal", en vez de hacer cargos por diferentes viajes, incluyendo los que actualmente no sólo cobran mucho más de un peso por viaje, sino al tener atomizada la propiedad de los vehículos, facilita no sólo el clientelismo de propietarios y choferes, así como la acumulación de concesiones sin beneficio alguno para el público usuario, un clientelismo que ha permitido que políticos poco escrupulosos los manipulen en beneficio de muy pocos y en perjuicio del público usuario.

Ahora que ha surgido la discusión sobre la instalación de una línea de tranvías para unir la estación del tren Suburbano con el centro de la ciudad, vale la pena que el debate incluya no sólo argumentos esgrimidos a favor y en contra de este proyecto en concreto, sino para encontrar la forma de en verdad modernizar el transporte público del Valle de México en la forma más completa posible. No se trata sólo de mejorar el transporte dentro del Distrito Federal, sino también el que da servicio al área conurbada del Estado de México, forzando la coordinación de las autoridades de ambas entidades por difícil que parezca.

Siempre debiera existir una cooperación muy amplia entre entidades vecinas, pero me limito a comentar sobre el beneficio al público usuario en el ámbito del transporte público. Cualquier diferencia de opiniones, debida a que sirven a la población de dos distintas entidades federativas o porque sus gobiernos no son del mismo partido político, debiera ser superada en beneficio del bien superior del público usuario. Aún si no fuera posible unir de inmediato los sistemas de transporte públicos y privados de ambas entidades, sí debería darse a conocer la intención de los dos gobiernos de unir su voluntad para atender de manera conjunta el problema del transporte, así como de dar un paso que confirme su dicho.

Tanto el Sistema de Transporte Colectivo Metro, como de los ramales A y B del Tren Ligero y el Suburbano a Cuautitlán, ya atienden a los habitantes de ambas entidades, por lo que cualquier extensión de sus líneas sirve a todos los habitantes del Valle de México, pero servirá mejor si hay coordinación de los transportes que alimentan sus estaciones. Más que extender rutas de automóviles o de autobuses pequeños que atiendan estaciones del Metro, se requiere un servicio ecológico, que sólo se puede atender a costos de instalación razonables con trolebuses, no con tranvías.

Si es incosteable instalar tranvías en zonas que pueden ser servidas por trolebuses, es ilógico pensar en gastar 17 mil millones de pesos para instalar un servicio que no sólo da más eficientemente un trolebús, sino que va a competir con el sistema que actualmente presta ya el Metro. Si lo que el Jefe de Gobierno quiere es mejorar su imagen, que proponga líneas de trolebuses que atiendan las estaciones del Metro y que puedan usarse con el mismo boleto. Miles de ciudadanos le estarán agradecidos.

alediaz@elsoldemexico.com.mx

Tags: TRANVIA, CADIZ, CADIZ 2012

Publicado por Desconocido @ 18:16
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