Aquel sábado organicé la tarde de forma que pudiera estar en el Parque Municipal de Bomberos sobre las seis de tarde para recibir a estos modélicos ciudadanos. Me costó lo suyo porque tenía que hacer varias cosas antes.
Allí nos reúnimos una decena de familiares, amigos, algunos periodistas y un buen número de compañeros que estaban de servicio. Uno de los cooperantes, Sergio, cumplía años, y su sorpresa fue que los compis del Parque le tenían preparada una gran tarta de chocolate con trenta y una velas.
A pesar de esto, éste no es ni de lejos un recibimiento digno para unas personas que para salvar vidas han puesto en riesgo la suya. Ni de lejos es un recibimiento digno si nos acordamos de la bienvenida dada cada año a los futbolistas tras ganar el título de liga o de copa. Allí no estaban ni el Alcalde, ni los Concejales, nadie de la corporación municipal, ni Diputación, ni de la Subdelegación de Gobierno... ¿quizás porque llovió? ¿Por qué jugaba el Recre?
Realmente allí estuvo quien quiso y quienes les quieren, pero es lastimoso que algunos interrumpan su agenda para descubrir una placa y no encuentren un hueco para agradecer personalmente lo bien que exportan al resto del mundo la calidad humana de Huelva estos admirables señores. Lamentable.