Una mujer que vive con VIH puede transmitir el virus a su bebé durante el embarazo, el parto o la lactancia.
Sin embargo, si recibe una atención adecuada, sigue el tratamiento correspondiente y evita amamantar, las posibilidades de transmisión se reducen a menos del 2 por ciento.
Por eso es muy importante realizarse el test, para tener el diagnóstico a tiempo y evitar la transmisión al bebé.