Se acabó la fiesta. Los diputados socialistas que tanto habían disfrutado con Zapatero votando el matrimonio homosexual, la subida de las pensiones y del salario mínimo o la ley de plazos para el aborto han vuelto a toparse con el "PSOE de la responsabilidad", como algunos lo llaman. Las votaciones del ajuste y la reforma laboral no son las únicas que les harán removerse en sus escaños. Si quieren acabar la legislatura, habrán de sufrir. Están tristes pero resignados: no hay más opción que apoyar al Gobierno. Lo de Antonio Gutiérrez no cuenta porque él no es ni del partido.
Por Inmaculada Sánchez. El Siglo. 28/6/2010
EI cambio de guión ha sido demasiado brusco", admite un diputado socialista poco después de haber votado el decreto de reforma laboral que sólo contó con el apoyo de su grupo en todo el hemiciclo. "Pero este partido se crece cuando hay complicaciones; ya hemos vivido otros momentos así de malos o peores", añade otra parlamentaria del partido en el poder con varias legislaturas a sus espaldas.
La única discrepancia pública en los escaños socialistas, la del ex secretario general de Comisiones Obreras, Antonio Gutiérrez, que se abstuvo rompiendo la disciplina de voto, no provocará más que una sanción y un pasajero enfado de sus compañeros. Al fin y al cabo, Gutiérrez es un recién llegado y no tiene ni carné del partido –entró en las listas en 2004 arropado por Zapatero, quien se ha mostrado muy comprensivo con su decisión de abstenerse en la votación de la reforma laboral–.
"En el grupo ha dejado de haber debate", se quejan algunos parlamentarios, que recuerdan los tiempos en que los escaños del PSOE aparecían vibrantes de discusión entre guerristas y renovadores, socialdemócratas y social-liberales. "Ahora, la ética de la responsabilidad domina a la ética de las convicciones", remacha otro diputado con solera para justificarlo.
Asumido por todos que lo que toca ahora es el cierre de filas, la escenificación dentro del grupo parlamentario de este panorama tiene, no obstante, algunos nombres y apellidos que lo perfilan.
Desde que el 12 de mayo Zapatero dejó perplejos a sus compañeros de partido al anunciar en el Congreso la congelación de las pensiones o la bajada del sueldo de los funcionarios, en las reuniones del grupo se han significado dos o tres voces críticas, que, por conocidas, no han causado gran sorpresa.
Se trata de los portavoces de la corriente Izquierda Socialista, Juan Antonio Barrio, diputado por Madrid desde que Zapatero está en la Moncloa, y José Antonio Pérez Tapias, parlamentario por Granada desde comienzos de 2007.
A su voz reclamando debate sobre las alternativas al ajuste se ha sumado la de su antiguo compañero de corriente, Manuel de la Rocha –ocupó escaño entre 1993 y 1996–, también incorporado como diputado en 2008 por decisión del propio Zapatero.
El presidente forzó su incorporación a las siempre apretadas listas de Madrid de acuerdo con Cándido Méndez debido a la relación como asesor jurídico del sindicato del hoy diputado del PSOE. Tampoco, pues, han causado consternación sus intervenciones críticas en torno a la reforma laboral o los ajustes. A pesar de ello, sin embargo, De la Rocha no ha dejado de votar a favor de las medidas ni del decreto de reforma del mercado de trabajo.
Frente a estas intervenciones "de libro" dentro del mapa del grupo socialista se han destacado como "defensores" de la nueva ortodoxia algunos parlamentarios ya conocidos por su filiación zapaterista.
Uno de los más destacados, según las fuentes consultadas, es Antonio Hernando, portavoz del grupo en temas de Interior. Aunque Hernando no acude a todas las reuniones del grupo debido a las múltiples responsabilidades que acumula como secretario de Política Municipal en la ejecutiva federal del PSOE y participante en varias tertulias de radio y televisión, el joven parlamentario por Madrid, que estrenó escaño en 2008 de la mano de su mentor, José Blanco, fue el primero que, tras el histórico discurso de Zapatero del 12 de mayo, irrumpió ante sus compañeros como un feroz defensor del cierre de filas en momentos como el actual.
Además de él y, por supuesto, la dirección del grupo, encabezada por José Antonio Alonso y Eduardo Madina, los diputados consultados señalan a parlamentarios como Jesús Cuadrado, portavoz de Defensa, Juan Moscoso, portavoz de la Comisión Mixta para la UE, Clementina Díez de Valdeón, veterana que preside la comisión de Cultura, y a Jesús Membrado, diputado por Zaragoza y portavoz de la comisión de Trabajo, como algunos de los más activos en estos últimos días en el arduo trabajo de verbalizar el discurso de apoyo sin fisuras al Gobierno.
Quienes analizan la actual fisonomía de los escaños socialistas llaman la atención sobre el papel del citado Membrado, dada su condición de antiguo secretario general de la UGT de Aragón, o de otra veterana en el parlamento, Isabel López i Chamosa, diputada por el PSC desde 1996 y dirigente de la UGT catalana quien, el pasado febrero, llegó a decir que acudiría a la manifestación convocada por los sindicatos en contra de retrasar la edad de jubilación.
Ambos, tras la votación del decreto de ajuste en el sueldo de funcionarios y la congelación de pensiones han defendido con ardor, en reuniones internas del grupo parlamentario, la posición del Gobierno. No hay mejor síntoma, pues, para los consultados, de que la indudable incomodidad de los socialistas ante la nueva situación no ha provocado más que un, por otro lado previsible, cierre de filas con Zapatero.
En cuanto al liderazgo para las futuras y difíciles negociaciones con los nacionalistas el papel de José Antonio Alonso ha ido mejorando desde que el presidente le impusiera el cargo a su pesar (Ver en el n° de la seman pasada: "Alonso, de 'portavoz a palos' a jefe indiscutido") aunque todos los consultados señalan también como básico para la necesaria labor de cohesión en los actuales momentos el trabajo de Eduardo Madina, número dos del portavoz desde el año pasado. El joven diputado vasco concita sólo adhesiones debido a su carácter y a su condición de "hombre de partido" de la que Alonso carece, y la mayoría apuesta por él como sucesor del ex ministro si éste es llamado a otras tareas por el presidente. •
El único debate y la iniciativa la tienen los barones
Visto lo que ocurre tanto en el grupo parlamentario como en la ejecutiva federal, los socialistas que reclaman discusión sobre la estrategia con la que afrontar la actual crisis sólo pueden mirar fuera de Madrid.
"Son los barones autonómicos los que están liderando el debate ideológico", afirman señalando a los dirigentes socialistas con gobiernos a sus espaldas y que, al margen de Moncloa, han tomado decisiones significativas para reducir déficits y frenar el deterioro de la economía.
Curiosamente, se trata, además, de dirigentes que no habían concitado hasta ahora el entusiasmo que había logrado aglutinar Zapatero dada su condición de sucesores de auténticos pesos pesados en la historia del PSOE.
Haciendo caso omiso de lo que la historia podía esperar de ellos, tanto José María Barrerla, delfín del carismático José Bono en Castilla-La Mancha, como Guillermo Fernández Vara, sucesor en Extremadura del último guerrista, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, o José Antonio Griñán, inesperado "felipista" volcado en la renovación del PSOE de Andalucía, han dado respuesta a la crisis con medidas en evidente contraste con las emanada de la Moncloa.
Todos han reducido el tamaño de sus gobiernos, en un gesto hacia la población más simbólico que de ahorro real , y, tanto el presidente andaluz como el de Extremadura, han tomado la iniciativa de subir los impuestos a los más ricos. Griñán, incluso, ha ido más allá y, adelantándose a lo que unas semanas más tarde han anunciado gobiernos como el de Alemania, Francia o Reino Unido, ha propuesto una tasa a los bancos que operan en su autonomía en función de los depósitos de sus clientes.
"El problema es que en el partido, en todo el periodo de Zapatero, no hemos logrado tener una voz económica solvente", se lamenta un diputado socialista nada sospechoso de antizapaterista, trasreconocer que son, en efecto, los presidentes autonómicos citados los que están llevando la iniciativa en el debate económico.
Tras la marcha de Pedro Solbes como vicepresidente, siempre en lucha con el círculo de asesores económicos de Moncloa, la llegada de Elena Salgado y su equipo de técnicos no ha llenado el agujero ideológico que estos días critican no pocos dirigentes socialistas para hacer frente a la difícil situación.
Ya tras las elecciones de 2004, en el último congreso federal del PSOE, se intentó cubrir ese evidente hueco designando a un dirigente con mayor peso para el área económica como el veterano Octavio Granados para la secretaría federal del área. Su puesto como Secretario de Estado de la Seguridad Social, al que no renunció, sin embargo, ha reducido su capacidad de maniobra. Y su escasa sintonía con Salgado ha terminado por reducir el eco de su voz.
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