
Llegó ayer a Madrid el ex presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez. Llegó para recoger un premio desconocido. Sombrío. De esos premios que entidades de extrema derecha del entorno del Opus Dei reparten en fúnebres y grises ceremonias a personajes grises y fúnebres. Premiación que pasaría inadvertida si no fuera por el despliegue que ha tenido la querella presentada ante la justicia española en contra del ex presidente por las acciones ilegales de agentes del DAS en este país, hasta donde extendieron su largo y tenebroso brazo para perseguir, acosar e intimidar a los opositores y críticos del gobierno uribista. Demanda que ha sido ampliamente recogida en los medios latinoamericanos, menos en aquellos medios españoles que tan generosamente fueron premiados durante el gobierno del visitante, declarado persona non grata por más de un centenar de organizaciones de derechos humanos y de solidaridad. “Si yo estuviera en Madrid estaría, obviamente, en la concentración convocada para rechazar la entrega del premio. Aunque me pregunto muy en el fondo de mis dudas de si vale la pena protestar porque la derecha premie a la derecha”. Expresó un refugiado político colombiano residente en el sur de España.
Debe estar muy preocupado el Señor Uribe. Toda su ex guardia pretoriana va cayendo inexorablemente en manos de la justicia. Como un castillo de naipes. Un tsunami que le rodea y que no podrá evitar. Todos los premios de toda la derecha del mundo no podrán construirle un muro salvador.
El proceso judicial que se adelanta en Colombia por las acciones criminales del Departamento Administrativo de Seguridad DAS y en el cual muy altos ex funcionarios de este organismo están confesando sus delitos y señalando responsables en las más altas esferas del anterior gobierno, hace rato obligan a mirar hacia el ex presidente. Ahora han aparecido conversaciones de delincuentes que con total familiaridad hablan del número uno. De los trabajos encargados por el número uno. De la satisfacción del número uno por el trabajo y las felicitaciones que envía el número uno.
Para todo el mundo está claro que el número uno, el jefe de todo el entramado criminal, es Álvaro Uribe Vélez.
Un hombre con una gran capacidad de ascenso social y político.
Hace 20 años Uribe era el número 82.
El número 82 en la lista de los políticos y empresarios colombianos comprometidos con el narcotráfico según agencias especializadas norteamericanas.
http://www.larepublica.es/spip.php?article21853
Tags: URIBE