
Nuestro mundo nos exige cada día nuevos retos, hemos de enfrentarnos a la construcción de una nueva ciudadanía que tenga en cuenta la diversidad étnica, cultural, religiosa que caracteriza a las sociedades contemporáneas sea cual fuere su cultura, es decir, de cualquier lugar del planeta, pero también, la diversidad que tiene su origen en la identidad sexual, en la opciones de vida, en las diferentes situaciones económicas, en las condiciones personales, etc. que tiene que tener su reflejo en la condición de ciudadanía, pieza clave de la democracia.
Si nos luchamos por ello nuestro mundo habrá muerto pero antes pasaremos por el peor infierno posible.
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