SI después de conocer que este año Felipe González y José María Aznar se van a llevar cada uno 80.000 euros de sueldo público, aparte de los 200.000 que les pagarán sus amigos energéticos, usted tiene ganas de gritar "¡indecentes!", no se corte.
Está en su derecho: es una indecencia, y no debe usted reprimir su justa indignación.
No se deje convencer por los que ven en eso algo normal porque lo hacen todos, ni por quienes propagan que la dignidad de un ex presidente se merece eso y más.
No acepte usted que la dignidad de esos señores esté ni un punto por encima de la suya. La tesis según la cual un mandatario debe tener una vejez dorada y con un nivel adquisitivo de lujo, mientras el resto de la gente tiene que cotizar cada vez más para simplemente no pasar estrecheces es impropia de una democracia verdadera.
No es que queramos santos eremitas, pero un retiro modesto y honrado tampoco es tan malo, señores.
