Nos engañan con el señuelo de la flexibilidad, esa palabra que suena moderna, pero que encierra grandes trampas, y así nos anuncian que podremos jubilarnos a los 65 años sin penalización económica, aunque para ello sea preciso haber cotizado 38 años y seis meses.
Que vayan con este cuento a todos los hombres y mujeres en paro -más del 20 por ciento-, a todos los jóvenes sin trabajo -más del 45 por ciento- y a todas las personas que subsisten en la economía sumergida.
Para muchos estar afiliado a la Seguridad Social 38 años y seis meses es un milagro, pero para la mayoría es literalmente imposible. Quienes hoy no tienen trabajo saben que nunca tendrán tampoco una pensión digna.
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