
Cuando los dogmas religiosos y filosóficos nos dejen de gobernar, el mundo será más humano y todos los creyentes sentirán a su Dios más cercano, paseando por las calles y plazas de nuestras ciudades, en nuestros campos, en el vecino de la escalera, en el compañero de trabajo, en nuestra pareja.
Los dogmas no son más que mentiras, una gran mentira y un gran negocio que se ha instalado en nuestras culturas a los largos de los siglos.
La verdadera religión y la verdadera filosofía solo se encuentran en el corazón del hombre.
La verdad se encuentra en uno mismo, en nuestros sentimientos, en la vida misma, en una comunidad de hombres libres e independientes, es la alegría del amor, el sentirse feliz amándonos, un amor que brota de nosotros mismos y en que los dogmas y las mentiras solo hace posible el entierro en las profundidades de nuestra propia naturaleza de esa llama divina que es el respeto, el cariño, el amor o la pasión mas desfrenada entre los seres humanos.