
La realidad de la política, la corrupción, el ataque a la Justicia por parte de la mediocridad de los políticos profesionales nos lleva a varios hechos empíricos –tanto en países industrializados como en sociedades de menor especialización estructural e ingresos– justifica un nuevo género de indagación que diversificaría el campo de las ciencias sociales. Se trata de la sociología de la ignorancia.
En su momento, Francis Bacon acuñó la memorable sentencia: “Saber es Poder”. Por desgracia, la política se ha convertido en el espacio interno de los individuos que hacen de lo que debe ser un servicio publico, un espacio para sus intereses. Pero la ignorancia a la que aquí nos referimos es un artefacto estructural, inteligentemente montado, de aquellos que fuera de la vida publica no son nada ni nadie.
No es posible que en una gran empresa privada se designe como gerentes a personas sin la formación adecuada para hacer de ella una corporación rentable para sus accionistas. Sin embargo, en la empresa pública, en nuestras administraciones, son miles de incompetentes los que administran nuestro dinero y nuestros intereses. Lo más selecto de nuestra sociedad vive fuera de la política: científicos, profesionales de prestigio, precisamente, los que mas preparados están para gestionar los intereses del conjunto de la ciudadanía.
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