
La política agraria en el mundo se puede hacer desde dos modelo enfrentados el primero genera pobreza y explotación de los mas débiles, el segundo genera reparto de la riqueza, sostenimiento ecológico y justicia social.
El dominante para nuestra desgracia es el modelo agroexportador, basado e impulsado desde la lógica neoliberal y el libre comercio, la privatización y la transformación de la tierra, el agua, los bosques, la pesca, las semillas, el conocimiento y la vida, ignorando las verdaderas necesidades de la humanidad y solo velando por los grandes beneficios de las grandes multinacionales.
Se guía por el objetivo de beneficios corporativos y la intensificación de la producción para la exportación, y es responsable de la creciente concentración de tierras, recursos, y cadenas de producción y distribución de alimentos y otros productos agrícolas en manos de un número reducido de corporaciones.
El precio de los alimentos y otros productos agrícolas decrece constantemente por el dumping y otros factores; asimismo, disminuyen los ingresos de campesinos y trabajadores. Los precios para el consumidor, sin embargo, continúan su incremento.
El segundo modelo, el basado en la agricultura campesina y familiar y en la soberanía alimentaria, por el contrario prioriza la producción local para los mercados locales y nacionales, rechaza el dumping y utiliza prácticas de producción basadas en el conocimiento local.
La experiencia muestra que este modelo es potencialmente más productivo por unidad de superficie, más compatible con el medio ambiente y mucho más capaz de proporcionar una vida digna a las familias rurales, al mismo tiempo que les proporciona a los consumidores rurales y urbanos alimentos sanos, asequibles y producidos localmente.
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