
La joven pareja de la que hablamos hoy, tal vez la conozca muchos de ustedes, María y José que tras terminar sus estudios universitarios decidieron comenzar un vida en común y fruto de ello ha sido su primer y único hijo Jesús.
Desde pequeños a ambos le enseñaron y le obligaron a aprender la constitución española de 1978, en donde decía que tenían derecho a disfrutar de un techo digno, como lo dice también la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la cual también fueron examinados.
Buenos estudiantes y ciudadanos cometieron la mayor torpeza de su vida cuando confiando en las instituciones y en los políticos, pensaron que su contrato bancario no iba a contener cláusulas abusivas.
Nunca pudieron imaginar que aquellos señores tan simpáticos que le pedían el voto, (porque es el momento de decir que María siempre han confiado en la derecha, mientras que José se considera un luchador de izquierda.), a través de los diferentes gobiernos consentirían los atropellos de los bancos, con hipotecas usureras e inflexibles con las dificultades económicas.
Ahora los dos se han quedado sin empleo, pensaron ingenuamente tal como le habían enseñado que vivían en una sociedad del bienestar que funcionaba correctamente y con justicia.
Jamás imaginaron ó que podía perder su casa y aun así continuar debiendo dinero, por no estar legislada la dación en pago, a diferencia de otros países europeos.
Esta triste historia de María, José y el pequeño Jesús es la de más de 32.000 familias españolas, solo en los primeros seis meses del 2011.
¿Cuántas familias tienen que perder sus casas para que los gobiernos, hasta ahora insensibles, impidan tamaña vergüenza social?
¿Por qué no, para variar, se ayuda a la gente y no a los bancos?