
Los nuevos popes de la economía condicionan el desarrollo económico a una política basada en la precariedad del mercado de trabajo, en privatizaciones y en más sacrificios para los trabajadores.
Mucho se nos ha hablado de la economía de la innovación y del crecimiento, pero nadie ha enarbolado la bandera de la inclusión social.
El modelo americano ha invadido Europa, lo que está generando nuevos pobres, más paro y miseria y el abaratamiento del mercado de trabajo.
Decía Saint-Simon que “el paraíso no está detrás, sino delante de nosotros”, pero para ello debemos dar voz a los sin voz, democratizando la democracia y exigiendo que seamos los ciudadanos los auténticos soberanos de nuestro destino.
Para que esto sea posible es imprescindible la participación, la lucha y la unión de los pobres del mundo, que somos todos menos unos pocos: los que nos dan recetas económicas y las marionetas que las llevan a la práctica.
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